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Editorial, por Isaac Bigio

Cuba y Haití

El bicentenario de la creación de los EEUU fue saludado con bombos y platillos en todo el planeta. El de Haití, en cambio, no ha concitado mucha atención. Este país es el que tiene los mayores niveles de pobreza, desempleo, SIDA y analfabetismo en occidente y no es la primera potencia económica y militar del globo. Sin embargo, ha sido la primera república latinoamericana así como negra en todo el planeta

Londres, 01/01/04.- En el primero de enero se han cumplido tanto 200 años de la independencia de Haití, así como 45 años de la revolución cubana.

El bicentenario de la creación de los EEUU fue saludado con bombos y platillos en todo el planeta. El de Haití, en cambio, no ha concitado mucha atención. Este país es el que tiene los mayores niveles de pobreza, desempleo, SIDA y analfabetismo en occidente y no es la primera potencia económica y militar del globo. Sin embargo, ha sido la primera república latinoamericana así como negra en todo el planeta. Un siglo y medio antes que se descolonizase el grueso de África y unas 19 décadas antes del fin del ´apartheid´ sudafricano, los esclavos haitianos tomaron el poder derrotando al mayor potentado del globo (Napoleón Bonaparte).

Los héroes criollos de la independencia en Hispanoamérica fueron precedidos por el estrato más discriminado y explotado en el mundo colonial: los afroamericanos. Alexandre Pétion mandó armas, naves y soldados haitianos para ayudar a los insurgentes grancolombianos. Veinte años antes que España sufriese la derrota de Ayacucho y unas 6 décadas antes de la abolición de la esclavitud en muchos países americanos, Haití había sido la primera república de color y al sur de EEUU.

Las dos islas que están al este y al oeste de Haití fueron las últimas colonias españolas en liberarse. Tras la victoria de Washington en la guerra con Madrid  de siglo después de la de Haití sobre París, Puerto Rico y Cuba pasarían a la órbita norteamericana ya sea como república semi-independiente o como ´estado libre asociado´.

Esta última isla realizaría en 1959 la mayor revolución social americana. El desplome de la dictadura de Batista acicateada por su descomposición interna y las huelgas generales fue canalizada por un pequeño grupo guerrillero que originariamente proclamaba restablecer una democracia tipo EEUU. El levantamiento popular abrió un desembalse social. Las presiones de los trabajadores agrarios y la necesidad de contrarrestar a los EEUU y los barones del azúcar condujeron a Fidel Castro a virar ideológicamente. Quien inicialmente repudiaba el socialismo acabó creando un partido comunista único y abrazando el modelo soviético de economía estatizada y planificada.

Al igual que los jacobinos haitianos realizó una reforma agraria radical, desposeyó a la vieja clase dominante y promovió levantamientos armados en el resto del continente. Entre Cuba y Haití habría una gran diferencia. La mayor isla hispana del Caribe adoptó un modelo económico distinto al del capitalismo y en el cual el estado controlaba la producción proveyendo de servicios básicos para toda su población. El mayor país franco-parlante americano, en vez de abolir el capitalismo casi inexistente, abrió las puertas para su desarrollo.

Haití en 1804 y Cuba en 1959 eran potencias azucareras. A inicios del siglo XVIII un 75% del azúcar mundial provenía del primero. El estado de los negros libertos fue boicoteado por las potencias mundiales quienes le despreciaban por el origen de clase y color de sus gobernantes y temían por sus efectos en el resto de sus colonias. Sin acceso a mercados y créditos internacionales Puerto Príncipe fue sometida a fuertes pagos de compensación a París, lo cual le demoró 4 décadas en hacerlo y coartó el impulso de su economía.

Hoy, el presidente Arístides pide que Francia devuelva ese monto que traducido a moneda actual supera los $20,000 millones. Esta cifra es significativa para un país que exporta menos de $300 millones e importa más de $1,100 millones.

El inicial igualitarismo jacobino en Haití dio paso, al igual que en Francia, al retorno de los déspotas. Los últimos serían los Duvalier, padre y el hijo, quienes impondrían una suerte de ´monarquía´ hereditaria en 1957-86. Luego el país caería en la periferia de EEUU quien les ocuparía en 1915-34. Hoy Haití es una nación de extremos. El 1% controla la mitad de la riqueza mientras el 80% sobrevive en la pobreza. Dos de cada tres adultos son iletrados o desocupados. Pese a tener un presidente que se proclama de los pobres y la izquierda y que fue electo, la corrupción y el narcotráfico campean.

Cuba, en cambio, se precia de tener los niveles de educación y salud más altos de la región. Para Castro ello se debe al modelo estatista que tomaron de Moscú. Sin embargo, el bloque soviético cayó y La Habana ya no tiene un referente internacional que le proteja. EEUU impone un bloqueo peor que el que tuvo Haití en los 1800s y Europa le propone rescatarle a condición que vaya abriendo su economía al mercado y la empresa privada. Fidel ya no quiere exportar la revolución sino importar capitales. Estos han adquirido mucho peso en la industria turística, manufacturera y otras de la isla. Allí se han aumentado las desigualdades, la prostitución y el mercado negro.

Algunos marxistas quisieran detener ese giro derrocando a la ´burocracia´ y promoviendo una nueva ola de revoluciones americanas. Esa alternativa es rechazada por los ´realistas´ quienes afirman que hay que adaptarse a la corriente mundial y tratar de ir haciendo un capitalismo humano en cooperación con MERCOSUR, Canadá, México o la UE.

EEUU se jacta que su intervención en Haití condujo a la democracia y que su presión sobre el ´dictador más antiguo del mundo´ conducirá a la liberalización política y económica de Cuba. Esto, aunque el único pedazo de dicha isla que está en sus manos (Guantánamo) es cuestionado por ser un reducto de prácticas condenadas por el derecho internacional a los prisioneros de guerra


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