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Por Alejandro F. Mercado

El "facturazo" y la crisis Boliviana

No cabe duda que la salida de Sánchez de Lozada fue el resultado de una resistencia social que articuló a trabajadores, campesinos, clases medias y, en general, a todos los estamentos sociales que conforman la enmarañada sociedad boliviana, pero tampoco tengo dudas que los errores en el manejo de la política económica han sido los factores que fueron horadando la base sobre la que se sustentaba el gobierno.

El equipo económico del ex - Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada se aplazó, y ello fue, ciertamente, una de las causas que explican la aparatosa caída de una gestión que no solamente no entendía cómo funciona el sistema económico, sino que cerró los ojos a las señales que provenían de su propia base social. No cabe duda que la salida de Sánchez de Lozada fue el resultado de una resistencia social que articuló a trabajadores, campesinos, clases medias y, en general, a todos los estamentos sociales que conforman la enmarañada sociedad boliviana, pero tampoco tengo dudas que los errores en el manejo de la política económica han sido los factores que fueron horadando la base sobre la que se sustentaba el gobierno.
El equipo económico de la anterior gestión no tuvo la capacidad de leer los mensajes que la sociedad le dio en los luctuosos hechos de febrero pasado. La sociedad rechazó el impuestazo; sin embargo, de manera ciega y soberbia, el gobierno trató de aplicar una nueva imposición sobre los ingresos de las personas, mediante un falaz programa denominado por la sociedad como el“facturazo” Esta acción condujo al gobierno a chocarse de narices contra los derechos y las libertades individuales. A manera de ilustrar este rechazo, me permito transcribir lo que expresaba uno de los manifestantes  en una de las vigilias que pedían la renuncia del presidente:“�Facturazo?, que vayan a facturear a su abuela �”
El gobierno trató de vender la idea de que un impuesto sobre los ingresos de las personas era el mejor mecanismo para lograr una mejor distribución de la riqueza o, todavía de forma más descabellada, que el medio más idóneo para alcanzar el crecimiento económico consistía en aumentar los impuestos. El gobierno quiso hacer comulgar a la sociedad con ruedas de molino, pero la sociedad no se tragó el discurso, sabía que los nuevos impuestos - léase el facturazo - tenía como único objetivo el financiar un elevado déficit fiscal generado por el dispendioso gasto del gobierno.
Los impuestos sobre los ingresos de las personas no gravan a la riqueza, como tratan de mostrarnos quienes solamente ven la epidermis del funcionamiento económico. Los impuestos sobre los ingresos de las personas gravan el hecho de generar riqueza. Un impuesto sobre los ingresos no reduce, en forma alguna, la riqueza en sí misma, reduce simplemente el consumo de los hogares, reduce la demanda agregada y profundiza la recesión. Un elevado impuesto sobre los ingresos de las personas no solamente es una agresión a la libertad; es, ciertamente, el instrumento más eficaz para impedir un mayor esfuerzo por parte de los agentes económicos privados.
El recurrir a la política fiscal, especialmente a los impuestos, con la intención de modificar los resultados distributivos del sistema, no solamente es ir en contra de la libertad, sino que es un mecanismo mediante el cual se destruye el sistema de incentivos, lo que conduce a una mala asignación de los escasos recursos y, en última instancia, ello se traduce en un menor ingreso, menor empleo y menor crecimiento.

Alejandro F. Mercado es Director del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica Boliviana. E-mail: amercado@ucb.edu.bo


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