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Opinión, por Rosendo Fraga

El riesgo de Malivinizar con Estados Unidos

El presidente Kirchner ha escalado el conflicto con los Estados Unidos al decir públicamente que en el próximo encuentro con Bush en Monterrey (México), va a ganarle por knockout. Si el episodio hubiese quedado entre las declaraciones del subsecretario adjunto para América latina (Noriega) y la réplica del canciller argentino (Bielsa), la diferencia no hubiera tenido la proyección política que ha adquirido.

La reacción del Presidente argentino, se entronca claramente en la tradición iniciada por Perón en 1945, cuando gana la elección con la consigna de“Braden o! Perón”, capitalizando a su favor el sentimiento nacionalista argentino, el que si bien suele mantenerse bastante oculto, esporádicamente reaparece con fuerza dominando la política.

Como hiciera el fundador del justicialismo casi sesenta años atrás, Kirchner busca hoy capitalizar a su favor la confrontación política con los EE.UU., poniéndola directamente en cabeza de Bush, en momentos en que este país ocupa un lugar de poderío mundial sin precedentes.
Pero el riesgo que genera esta actitud, es el de que ocurra, como hace veintiún años, lo que pasó con la guerra de Malvinas. La historia muestra que, por lo general, las crisis escalan por errores de cálculo y un caso fue dicho conflicto, cuando se decidió ocupar las islas partiendo de la premisa de que no habría reacción militar británica y de que en caso de haberla, Washington no la apoyaría.

Todo el arco político, con la excepción de López Murphy, apoyó al Presidente en sus afirmaciones respecto de Bush, y la mayoría de la opinión pública también, aunque todavía no se registren datos empíricos que lo confirmen. Lo mismo sucedía entonces con el conflicto de Malvinas.

Si en los próximos meses, el Presidente llegara a una ruptura con el FMI y convocara a llenar la Plaza de Mayo con críticas a los EE.UU., como lo hiciera Galtieri en 1982, seguramente tendría una plaza colmada como sucedió en aquella oportunidad. Además, es muy difícil para el justicialismo bonaerense encabezado por Duhalde, seguir confrontando con Kirchner en estas circunstancias.

El problema de estos fenómenos es que impiden una discusión serena y objetiva sobre las políticas que se adoptan, para determinar cuál es la conveniencia del país, en el largo plazo y no sólo el efecto de popularidad inmediato. El problema es que el Presidente puede quedar preso de su discurso, como le sucedió a Galtieri.

Es que después de decir que le ganará a Bush por knockout no será fácil establecer una relación equilibrada con Washington sin pagar un costo ! político interno ante los sectores que hoy se entusiasman con Kirchner al verlo desafiar al presidente de la primera potencia de mundo.

En lo inmediato, no habrá ni una crisis ni una ruptura de la relación de la Argentina con los EE.UU. Este país hoy tiene múltiples intereses y conflictos que atender en diferentes partes del mundo, y América del Sur no es una región prioritaria. Y la Argentina en su contexto tampoco. Además, con el mundo creciendo económicamente y América latina también, un eventual default con el FMI no tendría hoy las consecuencias que pudo haber tenido en septiembre, con el crecimiento mundial incierto y Brasil en zona de riesgo.

Las relaciones bilaterales se encaminarán seguramente hacia un“enfriamiento”, que en alguna medida ya anticipa la escueta confirmación del Departamento de Estado a los dichos de Noriega -pensar que se excedió es no conocer el funcionamiento de la burocracia norteamericana- y la decisión de no realizar comentarios sobre los dichos de Kirchner.

La consecuencia será que la actitud de la administración Bush del 2003, que influyó para que el FMI flexibilizara su posición frente a la Argentina en enero y en septiembre, se tornará en una neutralidad que producirá un contexto económico más severo respecto de la Argentina.

Pero el mayor costo es político. Es que el discurso desafiante de Kirchner respecto de Bush, lo acerca más a la verborragia antinorteamericana de Castro y Chávez que a la izquierda pragmática de Lula y Lagos. Ello, sumado a que Kirchner retoma la línea de sorpresas que suele dar el sentimiento nacionalista argentino, tornan al país menos previsible para el mundo. Y no sólo para Washington.

Fuente: Infobae


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