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(Por Roberto Bertossi)

Industria Nacional

En Argentina, sus ciudadanos, sus habitantes, sus contribuyentes,  es decir, todos,  estamos llamados a ser verdaderos y eficientes funcionarios y gestores en la reconstrucción de la comunidad nacional.

No obstante que aún persiste cierta inercia de tendencias neoliberales de destrucción de la industria nacional y de su recurso financiero más notable -como eran entonces: la confianza, el crédito, las cajas de crédito cooperativo, etc.-, la industria nacional se está reconstituyendo con los buenos tiempos para la agricultura, el turismo, el calzado, los textiles, productos y servicios no tradicionales y otras sustituciones de importaciones que han llegado a superar la necesidad de importar   pasando incluso a lograr grados importantes de colocación de productos argentinos en el exterior y, lo más valioso, inaugurando  crecientes e ingeniosos procesos y procedimientos de valor agregado nacional.

Si bien es cierto que no basta crear riqueza sin calidad y cualidad del crecimiento, paulatinamente iremos logrando que la expansión productiva, se traduzca en el mediano plazo,  en mas equidad entre los argentinos.

Sin embargo, lo dicho es incompatible con“improlijidades”  macroeconómicas tales como aquellas evidenciadas en materia de coparticipación de impuestos, de políticas energéticas, políticas de cultivos, de desarrollo y promoción industrial nacional; en cuestiones de federalismo y autonomía  municipal, en abusos de posiciones dominantes y aspectos semejantes.

Internacionalmente deberemos ser firmes y coherentes frente a la persistencia, por ejemplo,  de los subsidios agrícolas de otros países, que concluyen impidiendo, restringiendo o falseando la competencia, paradójicamente,  dentro del marco de una economía de mercado y de democracia mundial.

Obviamente, los argentinos sabemos sobradamente que en cuestiones de nuestra industria nacional, no se puede ni se debe improvisar, impunemente.

Por eso, es necesario un proyecto federal concreto e ínter consultado de crecimiento económico, que incluya la pluralidad de todos los sectores y espacios locales y regionales a través de una distribución de oportunidades e ingresos más equitativa; un proyecto que inhiba migraciones hacia centros sobrepoblados escasos de infraestructura, trabajo y vivienda.

Funcionalmente, hay que ´´atomizar´  el monopolio del centralismo porteño en todos los aspectos,  el“monopsonio”de todos los bienes, productos, servicios y oportunidades; por caso,  la cultura, el transporte, las comunicaciones, los servicios y el empleo publico... intensificando el uso y descubrimiento de los recursos locales que favorecen y facilitan el arraigo, la cultura del trabajo, el cuidado y la recuperación del medio ambiente, el uso racional de los recursos naturales, especialmente,  de aquellos no renovables.

De este modo, nada impediría -sino, todo lo contrario- que grandes industrias -nacionales y extranjeras- localicen o relocalicen plantas, subsidiarias, sucursales y segmentación de procesos.

Esto mismo se transforma y ofrece espontánea y naturalmente, como espacio propicio para la incubación y crecimiento genuino y autónomo de microempresas, de pymes y de cooperativas pluripartitas y de propósitos múltiples, contribuyendo a mitigar hasta superar  la notoria desigualdad urbano-rural actual.

Todos sabemos que son tiempos difíciles pero a la vez tiempos de oportunidad.

Necesitamos miradas con grandeza para plasmar la gran  empresa nacional, participada, fraterna y solidaria que despeje el horizonte de recurrentes `recidivas´´ de crisis o emergencias, más o menos admitidas y en no pocos casos, peligrosamente inadvertidas ni tan siquiera, por calificados comunicadores ni por algunos  dirigentes que todavía, pareciera, no se han calzado la“camiseta nacional”

A modo conclusivo,  una vigorosa industria nacional  podrá asegurar un sólido y consistente desarrollo, esta vez, un desarrollo duradero, proyectado, cultivado, defendido y propuesto abiertamente, el que sí podrá detener hasta revertir el creciente  deterioro de los ingresos de los argentinos y el deterioro o agotamiento irresponsable de sus mejores recursos naturales.

Es que únicamente,  una economía más solidaria y más humana,  puede prometernos cabal y creíblemente, bienestar, progreso y tranquilidad para todos los todos del todo social.

Y decimos lo que decimos porque, finalmente, nos sobran los motivos para la esperanza y el optimismo, porque, como `hablaron´´ los acontecimientos y las experiencias  argentinas más duras, `escuchadas sabiamente por Sábato, cada argentino puede ser:  “El ser humano que sabe hacer de los obstáculos, nuevos caminos, porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer” -

 


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