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Por Pablo Guido

¿CÓMO RECUPERAR EL CRECIMIENTO PERDIDO?

Desde los inicios de la década pasada y hasta 1998 el país logró alcanzar un ingreso per cápita de alrededor de U$S 8000 anuales, lo cual ubicaba a la Argentina dentro de los países de ingresos medios del mundo. Esto se había logrado con un crecimiento del PBI de alrededor del 5% promedio anual entre 1991 y 1998 (cifra comparable a la lograda en los años de mayor auge de la economía argentina a finales del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial).

Desde los inicios de la década pasada y hasta 1998 el país logró alcanzar un ingreso per cápita de alrededor de U$S 8000 anuales, lo cual ubicaba a la Argentina dentro de los países de ingresos medios del mundo. Esto se había logrado con un crecimiento del PBI de alrededor del 5% promedio anual entre 1991 y 1998 (cifra comparable a la lograda en los años de mayor auge de la economía argentina a finales del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial). La generación de este incremento de riqueza pudo obtenerse mediante un enorme crecimiento de las inversiones, generadas tanto por el ahorro interno como externo. La inversión bruta fija tuvo un crecimiento de 136% entre el período mencionado (desde $25.729 millones a $60.781 millones), lo cual supone una tasa de crecimiento anual promedio de un 13%.
A partir del segundo trimestre del año 1998 (inicio de la recesión actual) hasta el segundo trimestre del corriente año la producción de bienes y servicios ha caído alrededor del 20%, habiéndose registrado en los últimos 12 meses el 70% de esa fenomenal destrucción. Gran parte de este colapso económico se explica por la caída de las inversiones: un retroceso del 60% entre el segundo trimestre de 1998 e igual período de 2002. Puesto en términos de PIB per cápita la caída ha sido cercana al 25% entre 1998 y 2002. Si la comparación la realizamos tomando como unidad al dólar, la situación luce muchísimo peor: la caída del ingreso per cápita anual desde 1998 hasta el primer semestre de 2002 supera el 70% (desde U$S 8000 a U$S 2.300). Entonces, cada habitante de la Argentina (en promedio) tiene un ingreso en dólares igual al 15% del conseguido por cada español, del 20% de los griegos y portugueses. Si lo comparamos con países más desarrollados las cifras son escalofriantes: los ingresos de los irlandeses superan 10 veces a los de los argentinos; 15 veces más grande es el ingreso de los norteamericanos y lo mismo en el caso de los japoneses. Por supuesto que no sabemos si el actual tipo de cambio real será el de equilibrio dentro de los próximos años, pero seguramente va a ser muy superior al de los 10 años de la convertibilidad.
Para que los salarios en dólares de los argentinos comiencen a incrementarse deberían suceder varias cosas: que la tasa de desempleo vaya reduciéndose paulatina y crecientemente, que las inversiones directas extranjeras fluyan hacia nuestro país de la misma manera que lo hicieron durante la década pasada, que la salida de capitales financieros al exterior inicie una reversión que tendría que ser espectacular y permanente. Ninguna de estas cosas va a suceder en el corto plazo. Después del default parcial de la deuda pública y privada será difícil conseguir fondos frescos del exterior en concepto de préstamos; el desempleo, más allá de que se produzca una revolución en materia de legislación y costos laborales, mantendrá tasas por encima de los dos dígitos durante varios años y la desconfianza generada gracias a los disparates en materia de política económica y descalabro institucional hará muy dificultosa la entrada de inversiones directas al país.
Pero todo lo anterior no significa que el país tenga que resignarse, todo lo contrario. Desde el inicio de la próxima administración presidencial la principal preocupación debería estar puesta en cómo lograr que la Argentina sea vista por el mundo y por los argentinos como una oportunidad en materia de negocios y convertirse así en una "aspiradora" de inversiones. De esa manera, si bien no podremos alcanzar los niveles de ingresos de 1998 en el término de cuatro años, estarán colocadas las bases para que el siguiente presidente, en las vísperas de la finalización de su mandato y ante los festejos del bicentenario del país, pueda restituir el ingreso per cápita anual que hemos perdido en estos últimos 4 años. Esto se podrá alcanzar si los próximos dos períodos presidenciales logran una performance de entre 7 y 8% anual. Esa debe ser la medida del éxito para los presidentes que reemplacen al actual. Por eso es de fundamental importancia que las propuestas de los candidatos a las próximas elecciones presidenciales sean analizadas, debatidas y comparadas. Un nuevo salto al vacío nos pondría, en términos de ingresos per cápita, más cerca de la Franja de Gaza (U$S 1.350), de Albania (U$S 1.230) o inclusive de la República del Congo (U$S 700).

Pablo Guido es Economista Jefe de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre www.atlas.org.ar


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