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Mensaje del obispo de Reconquista (Sta Fe) ante las elecciones

El cristiano está llamado a concurrir a las urnas y a cumplir con su compromiso ciudadadno de votar.

Ser responsable es participar
Son muchos los que se preguntan qué hacer frente a las próximas elecciones. Sobre todo, a los jóvenes se les escucha decir para qué ir a votar si todo va a seguir igual. Pero también los no tan jóvenes, los que tienen memoria, dicen lo mismo cuando repasan la lista de los candidatos. El desaliento nos puede crear la ilusión de que es lo mismo ir o no ir a votar.
Ser responsable es participar

  • Son muchos los que se preguntan qué hacer frente a las próximas elecciones. Sobre todo, a los jóvenes se les escucha decir para qué ir a votar si todo va a seguir igual. Pero también los no tan jóvenes, los que tienen memoria, dicen lo mismo cuando repasan la lista de los candidatos. El desaliento nos puede crear la ilusión de que es lo mismo ir o no ir a votar.
  • Por otra parte, también están los que creen que entre los candidatos está el salvador. Sus promesas crean la ilusión de que después de las elecciones todo será distinto y mejor. En verdad, hace muchos años que los argentinos y las argentinas creemos que algún día vendrá un salvador a sacarnos de la crisis y llevarnos a un mundo mejor. No podemos ir a votar con una falsa ilusión.
  • Si nos fijamos bien y recordamos nuestra historia, podemos ver cómo el desaliento y la ilusión son dos caras de la misma moneda. El que rápidamente se desalienta, también se ilusiona fácilmente y el que se ilusiona fácilmente pronto también se desalienta. Ambas conductas ponen de manifiesto la gran dificultad que tenemos para hacernos cargo de nuestra convivencia social.
  • Entre las tentaciones del desaliento y de la falsa ilusión está el camino de la responsabilidad individual y de la participación ciudadana en la construcción de nuestra Comunidad Nacional.

    Participar es sacrificarse por el bien común
  • Tenemos que levantarnos del desaliento y bajarnos de la falsa ilusión, para encontrar el camino cotidiano que se realiza participando y sacrificándonos por el bien común. Esto no es fácil, porque implica siempre el esfuerzo y la voluntad de querer construir juntos nuestra vida. Es más fácil escaparse por la puerta del individualismo.
  • Muy lentamente nos estamos dando cuenta de que la Nación se construye desde abajo, participando. Nos estamos dando cuenta de que sólo participando vamos a lograr una verdadera representatividad de aquellos que luego asuman la responsabilidad de gobernarnos.
  • Nos estamos dando cuenta de que la falta de participación genera una dirigencia política ajena a los intereses de los ciudadanos. Nos estamos dando cuenta de que la política terminó siendo una actividad "sucia" porque la prostituyeron los que la ejercieron mal, pero también la prostituimos entre todos, porque la abandonamos en las manos de los otros. Nos estamos dando cuenta de que la representatividad, basada en el clientelismo que se compra y se vende, conduce a la ruina de la Nación y a la falta de credibilidad en los que la dirigen. Nos estamos dando cuenta de que la falta de participación enriquece a unos pocos, empobrece a la mayoría y acumula innumerables sufrimientos sobre los más pobres.
  • Nos estamos dando cuenta de que necesitamos educarnos para la participación ciudadana. Nos estamos dando cuenta de que recrear el sistema representativo supone participar activamente en todo lo que atañe al bien común, empezando por integrarnos en las organizaciones vecinales, en los partidos políticos y en las instituciones intermedias. Nos estamos dando cuenta de que la dirigencia política puede renovarse si participamos implicándonos en el quehacer político y generando nuevos dirigentes. Nos estamos dando cuenta también de que la conducta en la vida privada de las personas condiciona positiva o negativamente la vida pública y política de una Nación.
  • Es oportuno recordar la frase del Papa Pablo VI: "La política es la forma eminente de la caridad". Es decir, a través de la actividad política se realiza de manera privilegiada el amor al prójimo. Por eso, la actividad política debe convertirse para el católico en la forma eminente de participar y comprometerse con el bien común. En la misma línea, el Papa Juan Pablo II afirma que "La vida en un sistema político democrático no podría desarrollarse provechosamente sin la activa, responsable y generosa participación de todos, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades".

    Participar es ir a votar
  • Las elecciones son un momento importante de la vida pública y política de una Nación. A través de las elecciones participamos ejerciendo nuestro derecho ciudadano, por el cual elegimos a nuestros los gobernantes. No ir a las urnas es renunciar a la participación. Abstenerse de votar es dejar que otros decidan el destino de nuestra vida. El cristiano está llamado a concurrir a las urnas y a cumplir con su compromiso ciudadano de votar.
  • Es cierto que a muchos no satisface la actual lista de candidatos por la falta de credibilidad y representatividad que debieran sustentar su postulación. Algunos, intentando subir la pendiente del desánimo, optarán por el "menos malo". De todos modos, ante la insatisfacción que puede producir la actual lista, será siempre mejor ir a las urnas que abstenerse de votar. Porque, mediante la participación de todos podemos asegurar una transición soportable de nuestra deficiente experiencia democrática hacia una más representativa y más participativa en el futuro. De lo contrario, podemos llegar a comprometerla y las consecuencias podrían ser peores.
  • Candidatos y dirigentes, los que serán o no serán elegidos, deberán tener en cuenta los desalientos y las esperanzas que el pueblo tiene a partir de las elecciones y asumir el compromiso de no defraudarlos. Deberán mantener una conducta positiva y responsable en el ejercicio del bien común, llevar a cabo las reformas estructurales que se han señalado con claridad en el Diálogo Argentino y buscar nuevos caminos para afianzar una democracia más participativa.
  • Todos necesitamos reconocer y aceptar que el futuro tendrá que seguir construyéndose los días subsiguientes a las elecciones. Tenemos que acostumbrarnos a mirar nuestra realidad de frente, aún cuando esto nos duela. Es más, tenemos que caer en la cuenta de que necesitamos soportar con paciencia esta mirada, que nos ayudará a ver, con realismo, cuál es el mejor camino para que trabajemos juntos en la tan ansiada reconstrucción de la Nación, superando sea el desaliento, sea el falso optimismo.

    El Amor de Dios nos invita a participar
  • No podemos separar el amor a Dios del amor al prójimo. Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano, miente, dice la Escritura. Así tampoco podemos separar la fe y la esperanza en Dios, de la fe y la esperanza en los demás y en nuestro Pueblo. Dios nos acompaña y cree en nosotros. Su Amor es fiel y no deja de conducirnos a través de la crisis moral, política y cultural que estamos atravesando. También está presente en este período previo a las elecciones, estará en el acto electoral y tenemos la certeza de que nos guiará en el futuro.
  • Su Amor fiel nos invita constantemente a recrear nuestro encuentro con �l y con nuestros hermanos. Hoy nos pide que renovemos la fe y la esperanza en nuestro Pueblo, en nuestras instituciones, en nuestra incipiente experiencia democrática, reafirmando la firme voluntad de comprometernos a participar más activamente en la construcción de nuestra Nación.
  • La guerra en Irak es una vergüenza y un fracaso de la humanidad. De esta triste experiencia debemos aprender dos cosas: primero, que en el mundo dependemos cada vez más unos de otros y que un pueblo no puede vivir como se le antoja por más fuerte que sea; segundo, que todos somos responsables de todos y que los pueblos que están en mejores condiciones de vida tienen que hacerse cargo de los están en condiciones peores. Como sucede en una familia. Por algo decimos que somos una familia humana.
  • Pero, para que esto sea posible, necesitamos creer que el camino para humanizar nuestra vida pasa por el diálogo, por la participación y por la capacidad de convivir incluyendo a todos; tenemos que estar dispuestos a agrandar los espacios comunes y a achicar los espacios individuales. Esta decisión es una cuestión del corazón, de cambio de mentalidad, de conversión. Este cambio interior es un regalo de Dios y tenemos que pedírselo con humildad. Al orar, nos familiarizamos con el "sentir" de Dios, que nos ensancha el corazón y nos capacita para "verlo" en todos, sin excluir a nadie.
  • Por eso, sintámonos movidos a orar por la paz en el Mundo y en nuestra Patria, por las actuales autoridades y por las que van a ser elegidas. Pidamos a Dios que las elecciones sean un ejercicio de participación y de madurez ciudadana, y supliquémosle también que nos libre de todo mal, especialmente del mal de la pobreza y de la indigencia que sufren tantas argentinas y argentinos. El Año del Rosario nos invita a retomar esta sencilla oración en la familia, en las comunidades y a continuar rezándola en los lugares públicos, como muchos ya lo están haciendo.

    Con un cordial abrazo y que el Señor los bendiga.

    +Andrés Stanovnik OFMCap.

    Obispo de Reconquista

    Fuente: Gustavo Raffin  - www.reconquista.com.ar

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