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RENACE informa sobre el peligro del avance de la frontera sojera en Argentina

Se marcha hacia un colapso ambiental y social irreversible

Un minucioso informe redactado por la Red Nacional de Acción Ecologista (RENACE), indica los riesgos que provoca el cultivo de la Soja en Argentina, y pronostica un futuro desastrozo en términos económicos y ecológicos. Aquí reproducimos la totalidad del informe que nos fué enviado desde esa organización y completamos la información publicada en otra edición.

El avance de la soja en la Argentina sobre la diversidad tradicional de cultivos es tan alarmante que el problema amenaza ya a todo el Mercosur.

Para abordar este problema de monocultivo es necesario tener en cuenta su complejidad y los diversos factores que inciden en el mismo, tales como los de carácter técnico, económico, social, político, ecológico e, incluso, los de índole ética.

De la misma forma, también es necesario tener en cuenta los diferentes actores involucrados, cada uno de estos con intereses y visiones que pueden ser contradictorios con los de los otros y contrapuestos también con el bien común.

Factores técnicos: siembra directa, soja y rotación


El cultivo de la soja se integra a un problema aún más complejo que es de la siembra directa, técnica que trae aparejada diversas consecuencias. Uno de las urgencias que consideramos es la de reemplazar el sistema de SD, sistema que produce alta contaminación, desaparición de especies como las liebres, perdices que ponen huevos infecundos y alteraciones negativas del suelo tales como compactación, disminución de la temperatura edáfica y por no roturarse el suelo nunca, desaparición de las gaviotas.

Con sólo volver a usar la rastra ("cultivo semidirecto"), bastaría para que se produjera una cierta modificación positiva. El persistir con este modelo puede incluso, llegar a afectar la colocación de productos en el mercado internacional.

Ante la situación de crisis insoslayable, ciertos exponentes del modelo han propuesto una rotación soja - maíz, cultivos que sólo son complementarios en las raíces.

El maíz no constituye en verdad una alternativa de rotación válida si es que se lo cultiva también con la técnica de siembra directa; ambos cultivos usan la misma maquinaria y, como acumulan paja, hacen que proliferen las mismas plagas. Con el sólo reemplazo de un cultivo por otro no se cambia el modelo porque la rotación queda reducida a una mera sucesión sin solución de continuidad de diferentes cultivos que pueden, en ciertos casos, hasta potenciar el actual impacto negativo. Si es que se quiere neutralizar o moderar los efectos nefastos del monocultivo, la secuencia y las variedades elegidas tienen que ser complementarias. Hay que concebir el tema de la rotación de distinta manera y pensar en compensar los inconvenientes que trae aparejada la soja.


Una rotación racional sería la vieja alternancia de agricultura con ganadería, el volver a este sistema sí constituye una alternativa que neutraliza los riesgos aparejados al monocultivo, pero no es fácil volver a la ganadería en los términos actuales porque implicaría entre otras cosas el lograr que el tambero pueda volver a producir leche en condiciones que le sean ventajosas.

¿Futuro promisorio o sólo una aventura ? Los límites del modelo

Actualmente se piensa en los réditos inmediatos y no en los impactos a futuro; se ha dado por sentado que toda tecnología avanzada es buena y se ha optado por una tecnología de punta que produjo hambre, desocupación y extendido deterioro ambiental. La siembra directa y la imposición de los OGMs (Organismos Genéticamente Modificados) han sido subsidiadas por el Estado.

La vertiginosa expansión de los monocultivos de soja se han producido como resultado de una conjunción de factores favorables que pueden dejar de operar o revertirse, porque:


Deberíamos relativizar el éxito de la soja y de su viabilidad futura porque este cultivo está avanzando sobre los mejores suelos, donde hay menos riesgo; es dudoso que convenga extender su frontera a zonas más secas porque los riesgos aumentan al avanzar sobre ambientes más frágiles.


Recientemente en Corrientes se ha detectado la presencia de la roya de la soja, que ya ha causado seria reducción en el rendimiento en cultivos de Brasil.


En 10 años, la superficie plantada de soja decrecerá, se estima que el techo al que llegará su frontera es de 15.000.000 ha.


Otro factor a tener en cuenta son los límites del mercado porque la soja tiene en este momento un precio internacional excepcional, se estima que el precio futuro de este grano estará un 40 ó 50% por debajo del actual. La razón es que a mayor producción de soja, aumenta la oferta y su precio mengua.


En los sistemas agropecuarios, la relación tecnología-producción tiene umbrales, es decir que al inicio de uno de ellos, una introducción de tecnología provoca una aumento sustancial de la producción pero, a partir de este punto, los incrementos tecnológicos no causan un efecto relevante hasta que se da otro umbral.


En la agricultura argentina hubo tres umbrales fundamentales. Durante el gobierno de Perón no hubo mayor incorporación de tecnología y la producción bajó, luego con la Revolución Libertadora y el INTA se introdujo la revolución verde que inició otro ciclo de crecimiento, pero ya en época de Alfonsín cayó nuevamente la producción. Con Menem se introdujo la siembra directa, los OGMs, el barbecho químico asociado con el riego, el encalado y azufrado. Estamos llegando ahora a otro techo en producción pero ya no tenemos una tecnología disponible con la que se pueda lograr otro salto espectacular. En el horizonte de la actual crisis de los monocultivos no tenemos sino más de lo mismo, con todos los riesgos que ello conlleva.


El tema del monocultivo es cuestionado teniendo en cuenta los problemas de recaudaciones y de mercados, pero se continúan ignorando las consecuencias sociales y ambientales que acarrea.

Contraponiendo este modelo

El fracaso del modelo implementado por el gobierno de Menem ha puesto en evidencia la incompatibilidad entre los intereses del mercado y el bien común. La disyuntiva política es optar por el mercado o por el país. La situación es inmanejable si el mercado sigue imponiendo las reglas, las cuatro multinacionales que exportan son las que deciden las políticas agropecuarias de este país y el Gobierno mantiene su renunciamiento a construir políticas de Estado en el sector.

Uno de los escollos que pueden aparecer al tratar de imponer una alternativa al monocultivo de soja, tomando como meta el bien común y la necesidad de considerar los medianos y largos plazos, es un productor que difícilmente se compromete con el largo plazo porque vive al día y demanda propuestas de efecto inmediato, lo mismo sucede con la imagen impuesta de la biotecnología, que contrariando toda evidencia práctica sigue considerándose como una tecnología que resolverá el hambre.

Los monocultivos de soja y el modelo de agroexportación de commodities son un problema de carácter estructural que demanda estrategias integrales en que el Estado debe comprometer un amplio espectro de políticas activas:


Dejar de dar oxígeno a la soja; si la soja fracasa y tenemos trigo, nosotros seguimos comiendo pan y la crisis del mercado de la soja no afecta lo que consumimos.


Evitar que las multinacionales manejen la políticas productivas.


Desconcentrar la economía.


Promover los policultivos y las rotaciones complementarias. En este momento de crisis hay que aportar ideas para que se vuelva al cultivo de especies tales como el alcaucil, la batata, etc.


Pensar en un mercado interno y salir de la dependencia exclusiva de la exportación. Un ejemplo terrible de esta dependencia es Tucumán, provincia atada a los monocultivos, caña, limón y soja, y que necesita imperiosamente diversificar su producción para dar de comer a la propia población.


Implementar una política de recolonización del campo incentivada con subsidios.


Restaurar el tejido social rural conformando redes que unan los asentamientos con los centros urbanos locales. Es imprescindible recuperar el ferrocarril porque constituye un nexo vital que posibilita el transporte de producción a los centros de acopio, si no hay ferrocarril, no hay reinserción posible de la pequeña producción.


Hay que revertir la concentración de la comercialización y de los insumos en una misma empresa.


Tomar en consideración la necesidad de ejercer la soberanía alimentaria.


Introducir en las políticas y en los razonamientos económicos los costos ambientales y sociales que actualmente no se computan, pero que se han ido acumulando aterradoramente en esta última década.


El Estado debe ocuparse del planeamiento estratégico.


Una recolonización no implica necesariamente el retorno de lo migrantes rurales a su lugar de origen porque puede resultar más fácil que la protagonicen otros actores.


Todos los programas de ayuda social, incluidos los planes de jefas y de jefes de hogar implican deuda externa y, además, las experiencia productivas que se promueven con ellos tienen que competir desventajosamente con la producción en gran escala. Esto a simple vista se evidencia que no tiene sentido. Por otro lado es evidente que el plan global que se nos impone es el de territorios dedicados a la producción de commodities para la exportación y una masa de población sobrante y mísera mantenida por el asistencialismo o las ONGs en lo que se denomina "economía de la pobreza".


Si bien la diversificación puede bajar el rendimiento, hay que tener en cuenta que es una forma de producción sin invertir. Los policultivos se asocian con bajos insumos y alta absorción de mano de obra.


El sistema puede estar pensando una alternativa posterior a la catástrofe que se avecina, compensando o poniendo en juego otros territorios, por esta razón también es preciso tener una perspectiva latinoamericana. El comercio con Brasil debe ser considerado en cierta medida como comercio interior. Entre Argentina y Brasil hay general complementación de producciones y de necesidades.


Necesitamos instalar un discurso que vincule la soja y el hambre como causa y efecto, enfatizando en la paradoja de que el modelo sojero no remedia el hambre; más aún, la potencia. Hay que volver a producir para la gente


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