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CyTA - Instituto Leloir

El chagas y la ceguera nocturna

Un estudio realizado por investigadores argentinos demostró que la ceguera nocturna es también un síntoma del Mal de Chagas. Los resultados permitirían realizar mejores diagnósticos de la enfermedad.

(CyTA - Instituto Leloir) – Un trabajo de científicos del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI) de la UBA y CONICET, en colaboración con médicos de los servicios de Oftalmología, Cardiología y Neurología del Hospital Dr. Teodoro Alvarez de Buenos Aires, indica que el Mal de Chagas afecta la visión de un considerable porcentaje de pacientes.

La originalidad de esta investigación reside no sólo en la identificación de un nuevo síntoma de la enfermedad, que es la ceguera nocturna, sino que constituye además un avance en la comprensión del modo en que se produce. La ceguera nocturna se suma así a otros síntomas clínicos del Mal de Chagas, como lo son las afecciones del sistema cardíaco, del sistema nervioso, del aparato digestivo y del sistema muscular.

De acuerdo a las cifras mundiales más actualizadas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 25 millones de personas sufren del mal y cada año mueren 30.000 personas a causa del parásito Trypanosoma cruzi, inoculado en los seres humanos y animales por la picadura de la vinchuca, un tipo de insecto.

Según datos suministrados en la página oficial del Instituto Nacional de Parasitología Dr. Mario Fatala Chaben, en Argentina aproximadamente 2.300.000 personas - 7.2% de la población - está infectada.

La población que está expuesta a riesgos de infección vive principalmente en áreas rurales en zonas endémicas, mientras que en las áreas urbanas la infección se produce sobre todo por transmisión connatal, es decir de la madre infectada al bebé durante el embarazo, y por transfusiones sanguíneas, aunque el control de la sangre para transfusiones ha reducido este riesgo.

Durante el curso de la investigación dirigida por el doctor Mariano Levin, cuyos resultados fueron publicados en The FASEB Journal on line en enero pasado, se realizaron diferentes exámenes a 54 enfermos de Chagas del Hospital Álvarez, 28 mujeres y 17 hombres entre 26 y 50 años de edad. Los investigadores notaron mediante diversos análisis oftalmológicos que los pacientes veían bien con luz normal, pero una gran mayoría no podía ver claramente en la oscuridad, por ejemplo durante la noche o en ambientes con luz tenue.

Jorge Mitelman, Jefe de Cardiología del Hospital General de Agudos Teodoro Álvarez y Coordinador de la Red de Chagas de los 33 Hospitales del Gobierno de la Ciudad de Bs As, quien participó en la investigación, explica “que los detonantes del estudio fueron una búsqueda bibliográfica donde se encontró que investigadores alemanes habían observado ciertos defectos en los fondos de ojos de los pacientes con Chagas.

Otro de los detonantes mencionados por Mitelman se refiere a la inquietud surgida en Silvia Matsumoto, doctora del Servicio de Neurología del Hospital Dr. Teodoro Álvarez, a raíz de un curso de biología molecular que abordó las similitudes a nivel molecular entre los bastones, células especializadas de la retina, y las células cardíacas. Matsumoto decidió comunicarse con Levin quien había estudiado al igual qué otros investigadores el modo en que el sistema inmunológico ocasiona lesiones en el corazón dado que las células cardíacas comparten similitud con ciertas moléculas del parásito.

Es como si los anticuerpos anti - Trypanosoma cruzi confundiesen a las células cardíacas con el parásito. Si las células cardíacas tienen similitudes con los bastones a nivel molecular, entonces se podía deducir que el sistema inmunológico también producía daños en éstas células de la retina.

Mitelman afirma que “los mismos anticuerpos que atacan a las células cardíacas, inhibirían a la rodopsina presente en los bastones de la retina, una molécula cuya función consiste en convertir la luz que ingresa al ojo en impulsos eléctricos. Al parecer el mal de Chagas no es resultado de una acción directa del parásito sobre el organismo, sino más bien una consecuencia de la reacción del sistema inmunológico ante la presencia del Trypanosoma cruzi”.

Para demostrar esta hipótesis, se comenzaron a evaluar a pacientes chagásicos tratados en el Hospital Álvarez mediante estudios cardiológicos, neurológicos, bioquímicos, inmunológicos y oftalmológicos. Los resultados fueron contundentes: en la oscuridad, un 82 por ciento de ellos tenía problemas de visión en alguno de sus ojos y un 42 por ciento en ambos.
Mitelman explica que “los pacientes que participaron en el estudio tenían entre 24 y 56 años, la idea era evitar pacientes añosos con el fin de descartar otras posibles causas de retinopatía o problemas en la retina que tuviesen que ver con el envejecimiento y no con el Mal de Chagas”.

De acuerdo a Mitelman, una de las ventajas que proporcionan los resultados de esta investigación es la posibilidad de desarrollar una detección precoz del Mal de Chagas mediante estudios accesibles debido a que “al tener la posibilidad de determinar qué anticuerpos se asocian con el daño de ambos órganos, el ojo y el corazón, se podría en un futuro estimar el riesgo cardíaco de un paciente ante una infección por el Trypanosoma cruzi”.
Los resultados de este estudio permitirían la realización de un diagnóstico precoz y más preciso que abriría el camino para tratamientos más efectivos contra el Mal de Chagas, una enfermedad que numerosos investigadores de diversos países esperan poder curar algún día de modo definitivo.

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