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NO SE OLVIDEN DE JOSE LUIS

Cabezas, a 14 años del crimen

El fotógrafo apareció calcinado en su auto en 1997. Su muerte fue investigada y se acusó de ser el autor intelectual a Alfredo Yabrán, a quien logró retratar y sacar del anonimato. La causa del reportero se cerró con el suicidio del empresario postal. El informe.
(DIARIOC, 25/01/2011)Fue el 25 de enero de 1997 cuando la muerte de un reportero gráfico generó la conmoción en nuestro país y provocó una intensa investigación. José Luis Cabezas trabajaba para la revista "Noticias" y en Pinamar le había sacado una foto a alguien que había hecho un culto de su anonimato: el empresario Alfredo Yabrán.

Yabrán era conocido por la opinión pública por el alegato de Cavallo en el Congreso en 1995, identificado porque manejaba los depósitos fiscales de Ezeiza. “Don Alfredo”, era propietario de la empresa Bosquemar, la inmobiliaria dueña del Hotel Arapacis de Pinamar.

En una cava, cerca de la ruta entre Pinamar y Madariaga, fue hallado calcinado en un automóvil el fotógrafo de "Noticias" José L. Cabezas. Esposado, con dos tiros en la nuca y dentro de un auto incendiado. Provoca conmoción. Cabezas, de 35 años de edad, conocía los “secretos” de Pinamar porque desde hacía 4 años cubría gráficamente la temporada para "Noticias" y era su pareja María Cristina Robledo, natural de la localidad con quien había procreado a Candela.

En aquella madrugada un grupo de hombres lo acorraló en la puerta de su casa, tras una fiesta en lo de Andreani. Lo llevaron a la cava, lo golpearon hasta partirle varios huesos, lo esposaron y lo ejecutaron. Le prendieron fuego al cadáver dentro del auto, le robaron la máquina de fotos -poco menos que su alma- y luego escaparon. Quedaron: un cuerpo carbonizado, el auto -sólo- chapa quemada y un reloj detenido a las 5.48 horas.

Era la síntesis del horror. La huella del crimen organizado, capaz de comprometer a la libertad de prensa y a la clase dirigente. El asesinato aparecía agravado por su intuida significación política.

En la investigación se puso al comisario Víctor Fogelman, considerado un cientista dentro del cuerpo. Siguió una pista falsa y detuvo a 5 infractores de Mar del Plata. A Margarita Di Tullio, una meretriz conocida en el puerto, llamada "Pepita la pistolera" que, según una versión, era extorsionada por Cabezas. La causa judicial de Dolores, a cargo del juez José Luis Macchi, descubre la complicidad de bandas de marginales y de grupos de la policía bonaerense.

Macchi mantuvo presos a los "pepitos" dos meses, hasta comprobada su inocencia y la Cámara Penal de Dolores los liberó con un fallo durísimo, con un reclamo a Fogelman que dejara de perseguir caminos erróneos y apuntara sobre la “bonaerense”.

Se intuía que había algo tras Yabrán. Su custodia personal aparecía involucrada en el crimen. El asesinato de Cabezas provocó una purga en la policía bonaerense, que el gobernador ya había comenzado, por su inocultable relación con el narcotráfico.

El secretario de Seguridad del gobernador, Eduardo De Lázzari, llevó una investigación paralela y secreta donde se llegó a la línea que el asesinato fue ejecutado por el exsubcomisario de Pinamar, Gustavo Prellezo, y cuatro ladrones de Los Hornos subordinados a una mafia policial de la Costa.

Los cinco sospechosos fueron detenidos. Los “horneros” confesaron y acusaron a Prellezo de disparar los “tiros de gracia”. El policía se defendió diciendo que uno de los ladrones se excedió.

Los ex jefes de la Policía -con Klodczyck a la cabeza- presionaron a De Lázzari para que no se los investigara. Este renunció. Reemplazado por Carlos Brown, todas las miradas apuntaron a Yabrán.

Se descubren los contactos de Prellezo con Gregorio Ríos, jefe de seguridad del titular de OCA. Este es citado por el Congreso. El empresario estaba sospechado por el "caso Cabezas" y por sus contactos y el de su círculo con el menemismo. El gobernador Eduardo Duhalde señaló directamente a Yabrán como el autor intelectual del crimen y los funcionarios provinciales que investigaron el caso empezaron a difundir los resultados de la aplicación del sistema informático Excalibur (seguimiento de las llamadas telefónicas) que desnudaron los contactos entre Yabrán y altos funcionarios. El aparato de seguridad “yabraniano”, estaba formado por exrepresores de la dictadura. La agenda de Prellezo repleta de teléfonos en clave del empresario y su entorno, o los contactos entre el policía
y Gregorio Ríos.

El juez recibió a Yabrán en su despacho, junto a Ríos, para que declararan como testigos. Las comprobaciones del Excalibur dieron con los vínculos entre Yabrán y el gobierno nacional y forzaron la renuncia del ministro de Justicia de la Nación, Elías Jassan, quien había realizado 103 llamadas a las oficinas de Yabrán.

El juez decidió ordenar la detención de Gregorio Ríos, que se entregó en Dolores. Era el 9º detenido, sumándose a los asesinos, el informante de la pista "pepitos" y dos policías cómplices de Prellezo. Yabrán y su vocero, Wenceslao Bunge, protestaron reiteradamente por la presunta intención de Duhalde de utilizar el caso del asesinato de Cabezas y la supuesta implicación de Yabrán-Ríos-Prellezo como publicidad de su campaña electoral.

Yabrán fue llamado a declarar como imputado, sospechoso de la autoría intelectual del sórdido crimen, con motivaciones políticas nunca vistas desde la dictadura del ´76. Yabrán caracterizó las denuncias del gobernador como una maniobra política.

El juez de Dolores, Macchi, ordenó la captura del principal sospechoso de ser el autor intelectual del homicidio calificado del fotógrafo: Yabrán. Cinco días después, el empresario telepostal se suicidó (una información que hasta el día de hoy mantiene una interrogante) en una estancia de Entre Ríos. Días antes había declarado ante el juez la esposa del principal acusado como autor material del asesinato del periodista gráfico, Prellezo, quien dijo que detrás del crimen había estado Yabrán. El testimonio de Silvia Belawsky -perteneciente a la policía bonaerense- parece haber sido determinante para el abrupto final del empresario.

La desaparición del empresario, que dejó cartas antes de tomar la decisión de quitarse la vida, tuvo el inmediato efecto de clausurar la causa Cabezas, señalándolo como el autor intelectual del crimen del fotógrafo.

Fuente: 26noticias.com.ar

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