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TUCUMÁN

En Tafí, los comestibles cuestan un 25% más

Una canasta con 12 ítems vale, en promedio, $ 87,35 en la villa turística. Es decir, $ 17,52 más que en San Miguel de Tucumán. Entre noviembre y enero, algunos productos aumentaron un 10% en Tafí del Valle. El azúcar, los fideos largos y el café están entre los productos más caros de la góndola. A $ 17, el atún enlatado se aproxima a la condición de lujo asiático.
(DIARIOC, 25/01/2011) Las góndolas de los dos almacenes principales de Tafí del Valle parecen arrasadas por la legión de ciegos hambrientos surgidos de la imaginación literaria de José Saramago, el Nobel portugués. Aunque callados, los estantes despoblados gritan que han sido buenas (o buenísimas) las ventas del primer fin de semana de la temporada estival, donde veraneantes y turistas de rigor han confluido con la excepcional multitud que subió a los Valles para contemplar el desfile del Dakar 2011. Condicionado por ese desabastecimiento de ocasión, el relevamiento de precios de 20 artículos practicado por LA GACETA el 6 de noviembre quedó reducido a 12 ítems el 5 de enero de 2011. Aún así, entre los primeros y los segundos sondeos hay aumentos que superan el 10% y, en promedio, los cuatro ($ 87,35) suponen el 25% más de gasto con respecto a la misma canasta confeccionada en enero, en un supermercado de la Capital.

La investigación confirma la percepción de que los precios suben en el verano tafinisto. La muestra incluye los artículos de primera marca disponibles en las dos tiendas de comestibles más grandes de la villa turística (identificadas con los nombres X e Y). Los cuatro relevamientos, dos en cada almacén con dos meses de diferencia -antes y después del comienzo de la temporada alta-, revelan alzas significativas en los precios de productos como el azúcar (aumentó entre el 11 y el 22% en 60 días), los fideos largos (el paquete subió entre el 10% y el 30%) y el café (en el almacén Y, el mismo paquete de 500 gramos que en noviembre costaba $ 18 valía $ 21 en enero).

El estudio también indica que los precios no crecen uniformemente -es decir, que en Tafí es necesario saber dónde conviene comprar-. Mientras que en la canasta de la tienda X hubo una ligera diferencia de $ 1,8 entre el primer y el segundo sondeo, la comparación de precios en la tienda Y arrojó el nada despreciable importe de $ 10,35. Ese aumento del 11% triplica el alza del 3,3% detectado por este diario entre noviembre y diciembre del año pasado respecto del valor de una canasta de 40 productos de primera necesidad adquirida en un supermercado de la Capital.

Entre los ejercicios de San Miguel de Tucumán y Tafí del Valle hay una llamativa coincidencia: el incremento del atún enlatado en aceite. En un mes, el precio de una lata de 170 gramos aumentó un 25% en la Capital. En un bimestre, el mismo producto se encareció un 13% en la tienda Y de la villa turística. Más allá de esa correlación en los aumentos, el atún -que supo ser un componente típico de los picnics de turistas con bajo presupuesto- se ha convertido en un artículo de lujo en la plaza tafinista, donde, en promedio, la lata de primera marca (no es fácil conseguir otra opción más barata) cuesta $ 15,25, es decir, $ 6,28 más que en un supermercado de la ciudad.

Encarecimiento sufrido

La escalada de precios es un clásico del verano tafinisto, que no está exento de la regla coyuntural vigente en los destinos turísticos del país y el mundo. La población local, que debería ser la más beneficiada por las ganancias de la estación, es la que, por lo pronto, más sufre el encarecimiento generalizado. "Nadie duda de que sale más barato hacer las compras abajo", opinó una lugareña que viaja mensualmente a San Miguel de Tucumán para adquirir los productos no perecederos y de limpieza. Para hacerse de verdura y carne, esta ama de casa y empleada doméstica se apaña con lo que ofrecen los comercios retirados del pueblo y, por ende, menos expuestos al impacto del turismo. La solución, según su criterio, es que una cadena de supermercados capaz de absorber o morigerar los costos de transporte se anime a instalar una sucursal en los Valles tucumanos.

Mientras tanto, las cajas registradoras de los pequeños y medianos negocios tafinistos aprovechan la gran afluencia de visitantes de enero y febrero camufladas en el proceso inflacionario. La situación no pasa inadvertida para los veraneantes más precavidos, que saben que subir con provisiones acarrea un alivio para la billetera. Una vez allí, no quedará más remedio que comprar al precio que disponga el almacenero tafinisto. Los -posibles- excesos no detienen el consumo, como lo han puesto contundentemente de manifiesto las góndolas diezmadas a lo Saramago en la jornada post Dakar.

Fuente: lagaceta.com.ar

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