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Srodek Hart llega con su antropología fotográfica a Venecia

Espacios que fueron productivos y hoy se encuentran en desuso o abandonados marcan la tónica de la muestra que el fotógrafo argentino Guillermo Srodek Hart presentó en el Pabellón Italo Latinoamericano de la 55 Bienal de Arte de Venecia, representando al país.
Srodek Hart tiene 36 años, vivió en Boston de los 21 a los 29 donde estudió, trabajó y dio clases en una escuela de arte integral; y hace años se dedica a recorrer pueblos de la pampa argentina en su camioneta, recuperando historias de lugares que ya no existen, ecos de vidas y mundos que parecen lejanos, surrealistas.

Esta suerte de antropología fotográfica persigue dos obsesiones: documentar desde la estética de la imagen la muerte y el paso del tiempo y, "como Marco Polo" -sonríe en diálogo con Télam Srodek Hart- descubrir civilizaciones, fósiles y especímenes rescatando historias.

De hecho prepara un libro de cuentos a partir de las imágenes que reunió en seis años "buscando la entrada de la madriguera de Alicia, pero en pueblos del interior del país".

"Los lugares que capto con mi máquina no sólo representan la muerte de una persona, una vida, sino de un tiempo que poco a poco va desapareciendo como los objetos que captura la cámara", explica Srodek Hart.

Su lente retrata esos lugares como naturalezas muertas, suspendidas, leves, sin huellas humanas más allá de los elementos que reposan en las tintorerías, bares, carpinterías o talleres que del interior de Argentina viajaron a la Venecia internacional del arte.

Srodek Hart asegura que su búsqueda "tiene que ver con hallar lo auténtico, esencias", y sus lugares hablan de eso: Colgado en la pared de concreto, el papel fotográfico muestra la tintorería de un inmigrante japonés "que ya no existe", el fotógrafo regresó a entregarle una copia al dueño y había sido demolida.

"Una bomba -dice-, mi registro fue que de un momento a otro desapareció. Conservo todos los datos de la gente que fotografío y lo que queda es esto, nada, por eso digo que no es tanto una nostalgia sino un registro del paso del tiempo en sentido fotográfico".

A un lado de la tintorería se ve "Bochas Beto", un local de Moisés Ville, Santa Fe, pequeña colonia formada por inmigrantes judíos: "El tipo había sido policía y no solamente arreglaba bicicletas sino que era el único en la zona que hacía las inscripciones para las lápidas en hebreo. Ahí está el surrealismo de mi trabajo, esas cosas no las podés imaginar".

"Cada vez es igual el sentimiento de invasión ¿Me animo o no? Soy un extranjero en esos pueblos y mis fotos son puertas y ventanas, ésta la vi a través de una puerta", dice Srodek Hart señalando una carpintería retratada en ocres que encontró en un pueblo llamado Oriente, cerca de Tres Arroyos.

"Acá vivía un carpintero muy antiguo, diabético -cuenta-, un tipo muy viejito que se me largó a llorar cuando volví para darle una copia de la foto. Se puso enfrente de la carpintería original, hizo así (el gesto es como enfocando) y empezó a llorar. Esa foto es su vida ¿Viste?".

"Se llamaba Miguel Colona -cuenta este recopilador de historias-, nunca salió de ese pueblo, había yirado, sí, pero antes de llegar. Tuvo una historia terrible, abandonado por su padre y adoptado por un tío que le pegaba, el día que cumplió 18 dejó Coronel Dorrego, agarró su libreta de identidad, le tiró con una maza al tío y se fue. La herramienta que después iba a usar para armar su propio camino, la que tiene en el taller".

Otra foto muestra el garaje de Tucho en Uriburu, La Pampa, un hombre que "pinta carteles a mano, un artista que se interesó por mi trabajo cuando fotografiaba el bar adonde iban todos en Uriburu, que son como cuatro calles".

"No sabés lo que se cagan de risa y se acompañan -exclama el fotógrafo-, el bar de los pueblos es el diván del analista, van a contar pesares, amores, hablan de fútbol, todo".

Buscando lugares ocultos, Srodek Hart se encontró con la tornera de Aquiliano González en Ayacucho, un cruce fortuito que lo llevó hasta 25 de Mayo: "La idea de Alicia o Burton, que abrís una puerta y estás en otro mundo, me pasó acá", reseña.

"Yo salgo a dar vueltas con la camioneta de noche porque a la noche la ciudad brilla, por las ventanas ves lo que hay adentro y es mágico, así vi a dos viejitos sentados charlando que me mandaron al taller del pelado", indica marcando la última foto, construida alrededor de un yunque tras varias tomas fallidas con su cámara de fuelle, una antigua Ebony, "difícil de encuadrar y enfocar".

"La fotografía te enseña también quién sos -resume-. Yo soy el yunque, los fierros muertos ahí abajo, y no tanto la textura de la pared. Son aprendizajes. Quién soy, tenés que pensar, qué es lo que me movió de esta imagen. Hay siempre algo en la escena que es lo que te habla y te impulsa a desear esa foto", concluye.

Fuente: Télam

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