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Agencia CyTA-Instituto Leloir. Por Alejandro Manrique

Participación social y algo más en la prevención del mal de Chagas

Un informe analiza la incidencia del mal de Chagas en la región del Gran Chaco argentino en algo más de dos décadas. Durante ese lapso se realizaron dos campañas en las que la activa participación de la comunidad permitió la eliminación de la infección en algunas zonas.
(Agencia CyTA-Instituto Leloir. Por Alejandro Manrique) - Según un estudio de científicos argentinos, publicado en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, la enfermedad de Chagas sigue impidiendo la salud y el desarrollo económico en áreas rurales de bajos recursos. Sin embargo, las campañas que tuvieron lugar en sectores rurales del norte de la Argentina, en la ciudad de Amamá (provincia de Santiago del Estero) durante el período 1984-2006, lograron erradicar parcialmente la infección del Trypanosoma cruzi, agente causante de la enfermedad.

Así lo indica un trabajo de Ricardo Gürtler y Carla Cecere, del Laboratorio de Eco-Epidemiología de la Universidad de Buenos Aires, y Elsa Segura, del Instituto Nacional de Parasitología “Dr. Mario Fatala Chabén”, en forma conjunta con grupos de los Estados Unidos (de las universidades de Illinois, Columbia y Rockefeller).
Las dos campañas masivas de fumigación con insecticidas tuvieron lugar con una separación de siete años, y ejercieron un efecto potente e inmediato en la densidad media del agente transmisor en los sitios afectados, al igual que en la infección de Trypanosoma cruzi en vinchucas intradomiciliarias y perros, que actúan como reservorios de los parásitos y contagian la enfermedad en forma indirecta.

La transmisión de la enfermedad de Chagas se controla principalmente rociando con insecticidas las casas y alrededores, y con chequeos en los bancos de sangre.
La primer campaña de 1985 apenas varió los índices de transmisión. La ausencia de modificaciones en el aislamiento correcto de paredes y techos de las viviendas influyó en la re-infestación. En la primer etapa de fumigación -seguida por el monitoreo esporádico y sin acciones de control-, se redujo la infección doméstica durante los primeros seis meses después de la intervención. Pero la re-infestación regresó a los valores anteriores y la densidad media del agente también se incrementó. El ritmo de crecimiento se asoció con la abundancia de las vinchucas domiciliarias y la existencia de paredes sin sellar o con rajaduras en superficies.

Una de las científicas que trabajó en la investigación, la doctora Segura, explicó que la causa fundamental del resurgimiento de la enfermedad luego de 1985 fue la falta de una vigilancia epidemiológica sostenible, es decir, la inspección de las viviendas en la búsqueda de insectos al menos una vez por mes. “Se debe tratar con insecticidas a las viviendas que se encuentren infestadas”, agregó.

Si no se hubiesen llevado a cabo acciones de control selectivas después de la fumigación de 1992 (cada vivienda encontrada con vinchucas se trataba con insecticidas) de repetirse el proceso de re-infestación, se habrían presentado alrededor de 160 casos de infecciones en humanos.

Antes de las intervenciones, la incidencia de seropositivos (personas cuya sangre presentaba anticuerpos específicos de esa enfermedad) en Amamá era cercana al 40 por ciento y las miocardiopatías asociadas con el Chagas eran frecuentes. Luego de la segunda intervención, se logró un descenso en la infección de perros, una muy baja infección en las vinchucas capturadas en el domicilio y no se registraron niños seropositivos. Además, a través del estudio se obtuvieron más de 1600 diagnósticos de infección en perros y más de 2300 en seres humanos.
De acuerdo con el informe, la participación comunitaria, estimulada por los investigadores, resultó clave en el éxito del programa y ésta creció a medida que se afianzó la relación con los afectados en las escuelas locales. El proceso estimuló la promoción de la salud, al igual que la motivación y movilización de la comunidad, representada por delegados locales que ejercieron el rol de voluntarios.
De esta forma, se pudo crear un control sostenible del parásito que causa el mal de Chagas, enfermedad que con el tiempo puede generar problemas cardíacos y afecciones en el sistema digestivo.

Soluciones sostenibles para problemas complejos

La estrategia logró resultados efectivos al interrumpir la transmisión del Trypanosoma cruzi a perros durante una década pero no fue útil para eliminar las vinchucas, a pesar de que esos insectos no presentan resistencia a los insecticidas utilizados.

Entre las fallas repetidas que presentaron las campañas los autores mencionan: la precariedad de las construcciones, la efectividad variable de los insecticidas que depende de la temperatura de los lugares en donde se aplica, la falta de cobertura del insecticida y la vigilancia posterior, la lenta respuesta de los residentes a la re-infestación (dado que no percibieron las infecciones como un peligro, facilitando así la propagación) y la disminución del apoyo económico y político, que varió con el cambio de cada administración de gobierno.

Los investigadores ponen énfasis en la necesidad de una vigilancia permanente de áreas de alto riesgo, incluso años después del control, y sugieren el ataque a tiempo de la infección en los perros. Por otra parte, el tratamiento de chicos infectados en una fase aguda primitiva prevendría la enfermedad en el futuro y reduciría la transmisión. Por último, sugieren que las mejoras de viviendas en zonas rurales y otras medidas de gestión ambiental resultarían beneficiosas en el largo plazo y llevarían a una menor dependencia de los insecticidas.

Los enfoques multisectoriales para encontrar soluciones sostenibles a problemas complejos son fundamentales, remarcan los investigadores, además de la relevancia de una participación constante de la población y la asistencia a las comunidades afectadas. Un aspecto a destacar es que cuando el equipo de investigadores dejó de visitar con frecuencia los lugares más afectados, la población siguió adhiriendo a las prácticas de fumigación con insecticidas. Pero la interrupción en su suministro en las áreas periféricas quitó incentivo a la ciudadanía y paralizó las acciones, lo que demuestra que la participación ciudadana por sí sola no alcanza.

Sin embargo, la comunidad jugó un papel crucial durante la vigilancia y el control a largo plazo. Una de las enseñanzas importantes que surgen del estudio fue que la detección y el tratamiento de los casos -inusual cuando el programa comenzó-, al igual que el control del agente de transmisión, estimulan y amplían el compromiso y la participación comunitaria, contribuyendo de este modo a la erradicación de la enfermedad.

UNA ENFERMEDAD REGIONAL

Se estima que en América Latina hay 14 millones de personas que padecen la enfermedad de Chagas y casi 120 millones en riesgo de infectarse. El parásito es transmitido al ser humano a través de la vinchuca, un insecto habitual en viviendas precarias, como los ranchos de adobe con techos de paja. Al picar y alimentarse con sangre, el insecto defeca sobre la picadura y de esa manera transmite el parásito. Otras formas de transmisión incluyen la ingesta de comida contaminada con el parásito, las transfusiones de sangre y la realizada por la madre a su hijo, durante el embarazo. Luego de una fase aguda, que suele no presentar síntomas, un 40 por ciento de los individuos desarrolla la enfermedad en forma crónica con manifestaciones cardíacas, digestivas o neurológicas.

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