Entonces, a principios de 2005, Sadous firmó el octavo cable interno y secreto enviado a la Cancillería argentina alertando una vez más sobre el faltante de 82 millones de dólares de la cuenta que el Banco de Desarrollo venezolano (Bandes) tiene en Nueva York para custodiar el fideicomiso entre los dos países. Lo tituló “Grave situación” y pidió que el tema se resolviera en el ámbito de los presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez en una reunión bilateral. Era el 26 de enero. Sadous voló a Punta del Este para sus vacaciones y pocos días después supo que aquella decisión generó “una conmoción en el Gobierno”, según le comentó otro funcionario de la embajada al tanto del caso, Alberto Álvarez Tufillo, quien también declaró en este expediente. El diplomático le aseguró que Claudio Uberti, el hombre que trajo a Antonini Wilson en el vuelo de la valija y que era el operador principal en las relaciones de negocios con Venezuela, había mandado a decirle “que se deje de joder que esto lo manejamos nosotros”.
A los pocos días, Sadous leyó en Página/12 que la actual ministra de Defensa, Nilda Garré, sería la nueva embajadora en Caracas. Según su relato, llamó al entonces canciller Rafael Bielsa y a quien era su vice, Jorge Taiana, para reclamarles que se había enterado por el diario de su dimisión. En un ejemplo de honestidad brutal, Taiana respondió: “El canciller se enteró igual que vos por el diario, fue una decisión del más alto nivel”. Por si quedaba alguna duda, el abogado de Uberti, Diego Pirota, le preguntó a Sadous a qué atribuía su desplazamiento. “Lo atribuyo al cable, estoy absolutamente convencido", respondió.
Antes del escándalo, el embajador había explicado a sus superiores la maniobra financiera que se había realizado con el dinero faltante: “Los 80 millones salieron del fideicomiso en NY, volvieron a Venezuela, se vendieron en el mercado negro del dólar, se recompraron en el oficial y alguien se quedó con los trece millones de dólares de diferencia”. Como respuesta a los insistentes pedidos a los diplomáticos bolivarianos para que reviertan la situación, el general Freddy Balzan, embajador venezolano en Buenos Aires, le dijo al entonces ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Bielsa: “Como no tenemos experiencia en fideicomisos, retiramos todo ese dinero sin saber que podíamos hacerlo”.
Cada una de las palabras de la declaración de Sadous, realizada el 20 de abril pasado pero que trascendieron recién ayer, confirmaron sospechas que ya habían sido reveladas por este diario en su edición del 9 de marzo de 2008 y que indicaban el escándalo por el manejo del fideicomiso y el rol de De Vido y Uberti. La situación judicial de ambos quedó comprometida después de esta declaración. En la causa constan también los ocho cables secretos enviados desde Caracas a Buenos Aires. En su declaración frente al juez y al fiscal Gerardo Pollicita, Sadous especificó que “hubo empresarios del sector de maquinaria agrícola que no fueron beneficiados por no haber pagado lo acordado en calidad de retornos”. Cuando le pidieron nombres, recordó el caso de Eduardo Kavana, dueño de ascensores Servas, una empresa que se benefició con el fideicomiso en el rubro de los elevadores pero que quedó fuera de juego en situaciones dudosas cuando intentó vender vaquillonas.
Este fondo fiduciario se creó en 2004 y funciona con el dinero que la Argentina le paga a Venezuela por la compra de petróleo a PDVSA. En cada operación Cammesa (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico) deposita el dinero en la cuenta del Bandes en NY. Con esa plata, PDVSA compra productos a empresas argentinas que entran al convenio por decisión única de Planificación. Se vendieron desde ascensores hasta maquinaria agrícola. Tradicionalmente estos acuerdos son manejados por Cancillería pero en este caso, declaró Sadous, “era Uberti o el ministro de Planificación quienes llevaban todos los temas relacionados con el fideicomiso”.
LAS VAQUILLONAS Y EL TESTAFERRO. La causa por asociación ilícita que tramita en el juzgado de Julián Ercolini está constituida por una cantidad muy variada de hechos protagonizados por Néstor Kirchner y su entorno más íntimo. Por un lado, las irregularidades en el fideicomiso del fuel oil, que tiene varias puntas oportunamente consignadas en artículos de Jorge Lanata en Crítica de la Argentina. Una era la que investigaba la desaparición de 82 millones de dólares en la cuenta del fondo. Otra, sobre el supuesto cobro de coimas a las empresas para entrar al convenio. Y una tercera por los contratos de ascensores Servas. En su declaración, Sadous sumó un escándalo nuevo vinculado con esta empresa. Su titular, Eduardo Kavana, le relató al embajador que había quedado fuera de un negocio de venta de mil vaquillonas porque el subsecretario de Agricultura, Javier de Urquiza, “lo había presionado para que se abriera de la operación porque que este pondría un testaferro para su grupo”.
Fuente: criticadigital.com.ar


