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CÓRDOBA - COSQUIN

La lluvia obligó a suspender la despedida

La décima noche fue reprogramada a causa del temporal. Las entradas sirven para hoy.
(DIARIOC, 31/01/2011)El último acto de la gran saga de la música argentina se suspendió apenas iniciado. La décima luna coscoína comenzó con la promesa de ser el digno broche de oro de otra muy buena edición del Festival de Folklore, pero el mal tiempo malogró la fiesta, que se repondrá hoy a las 22.30. Quienes conserven su entrada podrán ingresar directamente.

La previa, mientras el público lentamente ocupaba sus lugares, proponía La Callejera, Aldana Moriconi y Los Caldenes. Tras el rito de la apertura, Coplanacu abrió el fuego para la televisión con La olvidada, mientras caían algunas gotas. Minutos después se desató un temporal con viento, que obligó a suspender la actuación de los santiagueños. Y, por segunda vez en su historia, de la continuidad del festival.

Media hora después, la comisión anunció prudentemente que no estaban dadas las condiciones de seguridad para seguir. La plaza estaba cubierta en un 80 por ciento, y esperaba a Los Nocheros y Los Tekis con el fuego del carnaval del norte. La noche de las revelaciones y las consagraciones detuvo su marcha apenas iniciada. Tenían que llegar todavía Los Núñez con Ruiz Guiñazú, Jorge Marziali y Marita Londra, Casiana Torres y la maravillosa Dulce Pontes, antes de la cacharpaya con Coplanacu y Los Tekis.

Balance positivo
¿Qué tendrá que tener una edición del Festival de Folklore de Cosquín para considerarse un éxito? ¿Una programación que contenga la diversidad de gustos de un público variado? ¿Multitudes fervorosas en movimiento? ¿Record de venta de locros? ¿Nivel artístico? ¿Mucha prensa? ¿Puesta impactante? ¿Sentido de la alegría? ¿Gente que escucha? ¿Gente que baila? Seguramente un poco de todo eso y mucho más. En tanto, la 51º edición del Festival de Cosquín que terminó anoche en el corazón del Valle de Punilla, dio respuesta a muchas de esas preguntas, por lo que el calificativo de muy buena podría quedarle bien.

Las 10 lunas están jugadas y después de largas noches de materia opinable, entre idas y vueltas, tardes y tempranos, buenos y malos, jetones y discretos, templados y de los otros, queda una certeza: Cosquín mantiene intacta su capacidad de conmover, de excitarse para ser el punto de encuentro de las distintas maneras de hacer y sentir el folklore.

Pasaron cosas, dentro y fuera de la plaza Próspero Molina, en una ciudad estridente e insomne. Pasaron cosas entre los miles de músicos y bailarines, chicos y grandes, que llegaron desde los más variados puntos del país para sonorizar el valle. También pasaron cosas entre los públicos, el especialista y el vacacionante, que dio muestras de respeto y madurez, que premió con aplausos de distintos espesores las distintas propuestas. Que a su manera supo distinguir el árbol del bosque.

Por supuesto no faltaron las polémicas, que sin embargo quedaron muy por detrás de lo que pasaba en el escenario. El tema de las noches largas, más allá de molestar algún cantor poco seguro de su llegada al público y de dar a rédito a cierta prensa más preocupada en el agujero que en la rosca, se agotó enseguida: la gran mayoría de las noches amanecieron con público todavía en la plaza. Y, como señala la historia de Cosquín, mientras haya público, hay festival. También es cierto que, por otro lado, se podría haber sacado mucha hojarasca de la programación para ahorrar tiempo; o en todo caso para brindárselo a artistas más meritorios.

La puesta de Juan Carlos Baglietto resultó impactante y dio al escenario dimensiones de espectacularidad que no todos los artistas supieron aprovechar. Entre los conductores, más allá de los vestidos alusivos a los cultivos de Maia Sasovski y el grito de Fabián Palacios, sería oportuno destacar a Marcelo Simón: sus arengas fueron síntesis de su sabiduría y un hilo precioso que bajo el resplandor de los fuegos artificiales de cada apertura, ató nombres, épocas y lugares con sensibilidad poética.

También es lindo destacar que la delegación de Córdoba, sin moverse demasiado de los lugares comunes, fue la mejor representación oficial cordobesa de los últimos años en el festival.

Los premios

La noche de cierre fue también la de los premios. Una vez más el más esperado, el Consagración, fue compartido. Arbolito, que en la noche del domingo ofreció un show impactante en lo visual y lo musical, y los coscoínos Ceibo fueron distinguidos. Anoche Arbolito actuaba en Puán, por lo que no pudo asistir a recibir el premio, que en nombre del grupo lo recibieron Julio Paz y Roberto Cantos, de Coplanacu.

Una vez más la comisión eligió repartir los premios entre artistas que representan, en líneas generales, las dos corrientes dominantes. También hubo distinciones especiales: para el jujeño Bruno Arias, que durante su presentación hizo subir al cacique formoseño Félix Díaz, y para el violinista formoseño Lázaro Caballero, que no invitó a nadie. Arias recibió el premio de la mejor interpretación de la canción de los años 60. Revalación la pareja de baile Bustos-Cisterna, de Choele Choel y el camin también fue por partida doble: para el gran poeta misionero Ramón Ayala y para el excelente Ballet Camin, dirigido por los hermanos Wes.

También hubo menciones para la mejor puesta artística: Aymama y Chaco, monte, tierra y río tuvieron merecidos reconocimientos. El bonaerense que hace música bonaerense _ Ezequiel Romano fue revelación de peñas. Todos contentos.

Fuente: lavoz.com.ar

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