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Miguel Prenz, un cronista del infierno local

El caso de Ramoncito, un nene de 12 años que fue decapitado por una secta religiosa en la ciudad de Mercedes, Corrientes, es investigado con minuciosidad por el periodista Miguel Prenz en La misa del diablo, una estremecedora crónica que se sumerge en las zonas más oscuras de la sociedad y el ser humano.
El libro, publicado por Tusquets en su colección Mirada Crónica, revisa de forma anatómica el crimen ritual de Ramón González, "Ramoncito", un chico pobre de 12 años que el 8 de octubre de 2006 fue encontrado en un terreno cercano a las vías de la ciudad con la cabeza cortada y apoyada junto al cuerpo violado y torturado.

Dos años después, Miguel Prenz, "el periodista de Buenos Aires" -como se lo conoce en la historia-, llegó a Mercedes, una ciudad con 40.000 habitantes ubicada en el corazón de Corrientes, para investigar el extraño caso que, intuía, no terminaba en el horror del crimen.

Lo que encontró fue una trama compleja que involucra narcotráfico, prostitución infantil, trata de personas, desigualdad social, ofrendas satánicas y secretos de un pueblo chico con el infierno demasiado grande.

"Cuando leí la noticia por primera vez, en el 2006, me impactó muchísimo por las características terribles que tiene, pero inmediatamente sentí otra cosa: la noción de que ahí había mucho más, que no se agotaba en la sangre", dice Prenz en diálogo con Télam.

Y cuenta: "con el paso del tiempo, la noticia fue perdiendo espacio en los medios nacionales, cada vez más, y los que seguían mencionándola no profundizaban en nada; había algunos que empezaban a asomarse a ciertos lugares oscuros, pero siempre hasta ahí".

"En la crónica es fundamental vivenciar -afirma el periodista-. Si no estás ahí, no sabes nada. A la distancia tenés una idea, pero cuando llegás al lugar, esa idea se viene abajo o se confirma, y siempre hay algo más".

Prenz continúa: "en 2008 me pasó otra cosa. Un amigo músico, que trabajaba como guionista de un programa sobre magia blanca, me contó que había decidido ir a Mercedes para hacer un informe, y que cuando se contactó para viajar le dijeron: ni se te ocurra venir. Me contó eso y al otro día me puse en campaña para viajar a Mercedes".

"Entre 2009 y 2011 hice varios viajes que me permitieron estar unos 60 días en la ciudad -explica el cronista-. Era fundamental estar ahí y tratar de captar la esencia del lugar, para no quedarse solamente con el caso policial, que ya era terrible, pero que era solo el chispazo, un llamado de atención".

- Es más bien escéptica la mirada que configurás ante el contenido religioso del caso...
- Si bien soy ateo, respeto mucho a las religiones. Las he leído bastante porque me interesa todo lo que implican. Pero me parecía clave ponerme lo más rígido posible ante lo que veía, casi por una cuestión de supervivencia de la mirada. Porque si veía fantasmas en todos lados, entraba en la lógica de ese sistema.

Y ese sistema funciona en cualquier lugar del mundo. Es una historia particular, localista, pero universal. Esta lógica funciona en el cinturón bíblico del sur de los Estados Unidos, en nuestra Capital Federal, en Europa, en cualquier lugar. Cambiás los nombres, las fechas, las religiones, y es lo mismo.

- Más que cerrar dudas, el libro abre bastantes incógnitas, ¿no es así?
- Siempre tuve en claro que se trataba de una historia con final abierto, que pude llegar a rastrear hasta cierto punto. Hice una investigación bibliográfica enorme para documentarme sobre los sistemas de creencia que confluyen en Mercedes: hay catolicismo, magia negra, ritos afrobrasileños, magia guaraní, hechicería europea, pero lo que me terminó pasando fue que encontré puntos en común.

No creo en esa idea del investigador que llega y resuelve el caso, es mentira, incluso en la ficción: en "Cosecha roja" (1929), de Dashiell Hammett, el detective llega a un pueblo, empieza a investigar y descubre cosas, pero no resuelve nada. Se va y la cosa sigue. Lo mismo en "Terciopelo azul" (1986), de David Lynch, el protagonista encuentra una oreja en el pasto y empieza a indagar, pero no descubre nada claro.

- Salvando las distancias, el ritmo del libro tiene algo de Lynch, sobre todo de su serie "Twin Peaks"...
- Soy fanático de Lynch desde muy chico, pero no fue una influencia narrativa directa durante el proceso de investigación ni de escritura. Pero hace poco, cuando el libro estaba por salir, me di cuenta que había algo de ese clima. Incluso la cantidad de habitantes es parecida, y tiene la misma lógica: alguien llega a un lugar donde pasan cosas y se deja llevar por el río de los acontecimientos.

Para el autor, docente de la escuela de periodismo TEA, "alguien que labura no ficción se tiene que correr del centro: uno es narrador, no personaje. Respetar el narrador en primera persona tiene que ver con ese pacto de verdad con la crónica. Es un narrador que aparece para darle voces a los demás".

- ¿Tenés referentes en el terreno de la crónica?
- Rodolfo Walsh es un referente absoluto. Y George Orwell también. Veo una línea clara de Walsh continuando a Orwell. En "Homenaje a Cataluña" (1938), Orwell te muestra una foto de la Guerra Civil española que no sacó nadie nunca jamás. Fue demasiado brillante, pero es un libro que no cierra. Creo que es un decisión política dejar el asunto abierto, porque las historias que cierran son una mentira.

Hay una máxima de Graham Greene que dice que las buenas historias no tienen ni principio ni fin. Creo que en la no ficción eso es más fuerte aun: te metés en una situación que viene trascurriendo, estás durante un tiempo, y luego te vas. Pero eso sigue. Lo que uno tiene que hacer en ese momento es tratar de captar todo lo posible y avisar que hay puertas que todavía pueden abrirse.

Fuente: Télam

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