Catamarca
Lunes 26 de Septiembre de 2022
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CRECIDA

Ya hay 1.600 evacuados y un pueblo aislado por el Paraná

En la zona más afectada por la crecida, el agua tapó el camino a Isla del Cerrito y unas 160 familias debieron dormir en tiendas de campaña. Los evacuados en todo el Litoral son casi 3.000.
(DIARIOC, 01/07/2013) Una vaca va a parir. Está echada sobre el asfalto, rodeada de otras que miran, mugen, espantan moscas con la cola. Pero ésta va a parir casi sobre la línea que divide los dos carriles de la ruta provincial 63. A ella y al resto, las corrió la crecida del Paraná que en Chaco también ahogó casas, sumergió bicicletas, mató plantaciones de mandioca: corrió a 1.657 habitantes de sus casas. Entonces la última contracción, el líquido amniótico, el ternero, la placenta. “¡Corten el paso!”, grita un gendarme. No es por el animal, es porque un camión trae agua potable, jabón y kaotrina para ahuyentar a las víboras que vienen con el agua.

Isla del Cerrito, Puerto Vilelas, Colonia Benítez y Barranqueras son las localidades costeras más afectadas por la crecida del río en esta zona chaqueña. La corriente baja de este a sudoeste arrastrando troncos, ventanas, botellas, bolsas. Ayer el Paraná tocó los 6,72 metros e hizo crecer a los ríos que abrazan los pueblos, el Tragadero y Antequera. “Lo que nos sorprende es que el Iguazú –uno de los afluentes de los que depende el comportamiento del Paraná– siempre crece y baja rápido, pero esta vez no. Por eso estimamos que no subirá demasiado, pero que la crecida se extenderá más días”, explica a Clarín María Cristina Magnano, titular de la Administración Provincial del Agua (APA). El pico lo esperan esta noche, cuando la marca sea de 7,40 metros.

En Yapú Guazú se montó todo el operativo de emergencia. Desde allí parten las lanchas, los botes, las canoas y las piraguas para llegar a Isla del Cerrito que quedó desconectada: el camino de tierra por el que se podía llegar está a dos metros de profundidad. Algunas de las 168 familias que tuvieron que ser evacuadas pasaron la noche a la vera de la ruta en “tiendas de campaña” que consisten en cuatro palos, un techo de chapa, y nylon negro asegurado con clavos. Otros están ubicados en la escuela 159. Otros no quisieron irse y, tierra arriba, ven cómo el pasto desaparece debajo del ocre del Paraná.

“Y así es el río. Así es la naturaleza, m’hija. Hay que dejar que corra nomás”, dice Mari Villalba, 58 años, ocho hijos, trece nietos, un marido que se llama Eleuterio. Ella va y viene de esta casa que está a unos 700 metros de donde empieza el caos. “Yo me quedo porque estoy viendo cómo desaparecen los pilares de la capillita que le estoy construyendo a la Virgen de Caacupé. La tengo que terminar. ¿Quién puede irse de este paraíso?”, interroga el hombre, que no quiere dejar sus orquídeas, los perros, el mandarino, ese palacio que levantó a pulmón antes de jubilarse hace unos meses. “No es miedo al agua, es respeto.

Miedo sí de los rateros, los que pasan despacito en bote y se llevan las cosas ”, explica Fabián, hijo de Mari, otro que como Eleuterio no quiere abandonar lo suyo. Sobre la mesa del jardín, en un plato, reposa el cadáver de chancho que fue “almuerzo de machos”.

Para hacerle frente a la crecida, unas 400 personas entre el Ejército, Prefectura, Gendarmería, algunos ministerios provinciales y Defensa Civil trabajan en las cuatro localidades y zonas aledañas, todas ubicadas a pocos kilómetros de Resistencia. Está previsto que hoy por la mañana el gobernador Capitanich recorra la zona afectada junto al Comité de Emergencia.

Carlos Franco, subsecretario de Salud chaqueño, asegura que están preparados: “Hay atención médica las 24 horas en el puesto policial. Hasta ahora hubo consultas sobre reacciones alérgicas y hongos, producto del contacto con el agua. Pero la preocupación son las yarará y cascabel, serpientes venenosas típicas de este lugar con hábitos nocturnos que con el agua salen de sus cuevas”, explica. Sí, también cuentan con suero antiofídico.

Como el Paraná crece y engorda a los arroyos y riachos que se desprenden de él, están atentos a que no se cierren los caminos. El de Vilelas, por caso, aún no desapareció y esa es una gran noticia para los 699 vecinos que tuvieron que dejar la barriada. La localidad menos afectada es Barranqueras, con 54 familias evacuadas. De Colonia Benítez, en tanto, se fueron 168 personas.

Aquí no preocupa tanto el agua, sino lo que habrá que esperar hasta que baje. Cuentan que en la última inundación, hace dos años, pasaron tres meses. Entonces a la vera de la ruta, uno de los vecinos que terminó en los ranchos de nylon ya instaló la antena de TV por cable. Anoche los gurises se asomaban para espiar el televisor.

Fuente | Clarín.com

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