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Martes 07 de Diciembre de 2021
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Brizuela del Moral en Méjico

Buenos Aires, 23 de junio (Télam, por Claudia Lorenzón).- Parece un simple tic, un parpadeo o una mueca, pero es mucho más que eso: el síndrome de Gilles de la Tourette es una enfermedad neuropsiquiátrica que aparece entre los cuatro o seis años y si no se la trata adecuada y precozmente, pueden limitar al niño en su relación con la sociedad o tener problemas de aprendizaje y autoestima.
Buenos Aires, 23 de junio (Télam, por Claudia Lorenzón).- Parece un simple tic, un parpadeo o una mueca, pero es mucho más que eso: el síndrome de Gilles de la Tourette es una enfermedad neuropsiquiátrica que aparece entre los cuatro o seis años y si no se la trata adecuada y precozmente, pueden limitar al niño en su relación con la sociedad o tener problemas de aprendizaje y autoestima.

Esta patología de base genética "es más frecuente de lo que uno cree y aparece en la primera o segunda infancia -a los cinco o seis años-, aunque la manifestación de los síntomas puede darse hasta los 21 años", precisó a Télam el neurólogo y director científico de la Fundación Alfredo Thompson, Oscar Gershanik.
La afección se caracteriza por la aparición combinada de tics o movimientos involuntarios motores -como parpadeos, encogimiento de hombros, muecas- y fónicos -como carraspeo, tos nerviosa, repetición de sílabas, chasquido de lengua- que ocurren varias veces al día y se extienden por más de un año.

"Estas características son las que definen la enfermedad", manifestó el profesional y diferenció de esta manera a los tics que aparecen en forma transitoria.
Por otra parte, antes de que aparezcan, muchos niños y adolescentes con este síndrome presentan trastornos en el comportamiento: son inquietos, tienen dificultades para mantener la atención o poseen trastornos en el sueño.

Por este motivo, Gershanik, quien es titular de cátedra de Neurología de la UBA, recomendó a los padres realizar una consulta precoz con un neurólogo si el niño presenta trastornos en la atención, fallas en el rendimiento escolar o conductas repetidas en forma compulsiva.

{adr}Esta sugerencia del profesional se sustenta además en que muchas veces los tics son tan leves que no son percibidos con claridad por la familia, y los niños son tratados solamente por psicólogos debido a que presenta trastornos en la conducta o por psicopedagogos, debido a problemas de aprendizaje.

Si no se realiza un tratamiento temprano de la enfermedad, los pacientes pueden llegar al consultorio con múltiples fracasos académicos, una conducta desafiante, pocas amistades y desvalorización de la personalidad, explicó el profesional.

Esta situación se agrava aún más con la adolescencia, a partir de 12 o 13 años, cuando además de los problemas típicos de esta etapa se suman los de la patología.
Respecto del tratamiento, el médico consideró que el abordaje adecuado requiere de un enfoque multidisciplinario, del que deben participar un neurólogo, un psiquiatra, psicólogo y psicopedagogos. (Télam).-


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