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Opinión

Seguimos perdiendo la guerra contra la droga

Que el flagelo de la droga está instalado en Catamarca hace ya mucho tiempo, no es una novedad que pueda sorprender a alguien.
Si casi a diario nos enteramos de que caen detenidos con distintas cantidades de estupefacientes en esta ciudad, incluso en pleno centro, tampoco es algo nuevo. Por el contrario, parece ser parte de nuestra cotidianeidad.

Pero lo que no se puede permitir bajo ningún punto de vista, es que como sociedad no estemos preparados para luchar contra el problema, o peor aun, mirar hacia otro lado y hacer de cuenta que el drama no existe, o que no nos afecta.

Las estadísticas muestran que, desde hace mucho tiempo la cocaína y la marihuana han dejado de ser patrimonio de una clase determinada, ya que cualquiera puede comprar un “raviol” o un “porro”, a un costo mínimo.

Quizá desconocen aquellos que han caído en la tentación de la droga, que los productores de estas sustancias apelan a los recursos mas bajos para abaratar los costos.

Explicaban hace tiempo los expertos en estupefacientes, que para estirar la cocaína, suelen mezclarla con talco, almidón de maíz, o hasta con aspirinas u otra clase de pastillas.

Para hacer lo mismo con la marihuana, suelen utilizar yerba mate, alguna clase de vegetal similar, y hasta “estiércol de caballo o de vaca”!!. De solo pensar en las sustancias que están consumiendo jóvenes y hasta niños de corta edad, cabe preguntarse entonces cuáles serán las consecuencias para su salud.



Días pasados, un alto funcionario de la Nación dijo que se debería apuntar a los vendedores y productores de la droga, y dejar de perseguir a los consumidores.

Pero hay quienes no concuerdan con esa postura, porque entienden que la cadena de la droga implica a todos los que la mantienen como negocio lucrativo. Es decir, hay que combatirla en todos sus frentes, pero claro, para ello hace falta algo mas que una expresión de deseo.

Sería mas lógico que una decisión política firme, con el aporte de recursos a las fuerzas de seguridad, y la convicción de que se pueden limpiar las calles de este veneno, sirvan como punto de partida para ganar esta guerra.

Por otro lado, la prevención debe comenzar en dos lugares estratégicos: en la casa y en la escuela.

Los padres y docentes deberían ser el primer bastión en contra de la droga, pero lamentablemente todo demuestra que ni unos ni otros están preparados para afrontar el tema.

La delincuencia juvenil, ligada estrechamente al consumo de drogas, ha traído aparejado el reclamo de muchas madres, que claman por ayuda para sus hijos que han caído en esta trampa.

Lo triste del caso, es que muchas veces los padres toman conciencia del problema cuando ya es demasiado tarde.

Y en el caso de los docentes, falta una preparación para dialogar con sus alumnos sobre el tema.

En una entrevista radial, el jefe de la dirección Drogas Peligrosas, dijo en que las charlas que suelen darse en las escuelas de la provincia, los docentes brillan por su ausencia, porque allí no obtienen puntaje para futuros concursos.

Ello demuestra una falta de compromiso con la formación de los adolescentes, que las autoridades de Educación deberían evaluar con mayor detenimiento.

La batalla contra la droga sigue siendo una causa perdida, pero cuando se conocen algunas de las causas por las cuales estamos en desventaja, no tenemos otra alternativa que comenzar a modificar esa triste realidad.

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