Catamarca
Jueves 24 de Julio de 2014
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Opinión

Un ejemplo de cómo se debe tratar la delincuencia juvenil

Haber condenado a dos menores de edad por un crimen, pero con las previsiones de la ley, no es un dato menor para la Justicia provincial.

El fallo que encontró culpables a los tres acusados del crimen de la escritora Blanca Narváez Acuña, puede trascender mas allá de lo que han decidido el pasado miércoles los integrantes de la Cámara Penal Nº 2.
Y ello se debe simplemente a que este fallo puede servir de ejemplo, para quienes pretenden aplicar la mano dura con la delincuencia juvenil, en vez de buscar las soluciones y encarrilar a los menores que han caído en el flagelo de la droga y el delito.
Es casi una regla general que los adolescentes delincuentes, por mas grave que sea el hecho que cometan, no son otra cosa que víctimas del sistema, que no les brinda una oportunidad, que los excluye y, lo que es peor, les hace ver que no hay un futuro cierto para ellos.
Sus actitudes y conductas son un llamado de atención, para padres, docentes y autoridades, para que tomen conciencia de que a los jóvenes hay que guiarlos, antes que encerrarlos en un lugar del cual podrían salir en peores condiciones.

Es mas fácil para ciertos sectores de la sociedad, proponer que el Congreso baje la edad de la imputabilidad para que los jóvenes deban responder ante la Justicia desde los 14 años (actualmente son imputables desde los 16 para algunos delitos).

Repárese que en este análisis no se incluye a Fernando Ezequiel “Milú” Hernández, no solo por ser ya mayor de edad, sino también porque su papel en el trágico episodio fue mas allá de una simple “locura juvenil”. Ello no significa que su arrepentimiento no sea sincero, y que su recuperación no sea posible.
Pero en el caso de los menores, a nadie parece interesarle la búsqueda de soluciones, de brindarles la posibilidad de que se desarrollen en la sociedad, de hacerles sentir que mediante el esfuerzo y el estudio se puede llegar lejos.

Otra oportunidad

La condena que se les aplicó el miércoles pasado a C.N. y a S.F., de 18 y 17 años respectivamente, les dará la oportunidad de reflexionar sobre lo que hicieron, de arrepentirse sinceramente de un hecho que, posiblemente no quisieron provocar, pero que terminó en forma trágica.
Claro está que ellos también deben poner voluntad de su parte, y demostrar que pueden ser miembros útiles de esta sociedad, porque las oportunidades en estos casos no se regalan.

En este caso se puede creer que han aprendido la lección, pero de ahora en mas su futuro está plagado de constantes puestas a prueba, y solo de esa manera, quizá algún día, la sociedad les perdone el grave error.
En nuestra sociedad, la gran mayoría de los delitos son cometidos por menores de edad. Aunque no hay datos oficiales, uno puede aventurar que mas del 80% de los hechos son cometidos por jóvenes que aún no han llegado a los 18 años.
Casi siempre se trata de delitos menores, como hurtos, robos y algunos hechos de menor gravedad.
Por ello sería importante tomar este caso como un llamado de atención, para que en el futuro los adultos miren a los adolescentes con otros ojos, y puedan prever una desgracia.

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