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CyTA- Instituto Leloir. Por Bruno Geller

Calor que mata

Reducir el nivel de metano en la atmósfera, uno de los tres principales gases que contribuyen al calentamiento global, no sólo salvaría miles de vidas, sino que además evitaría altos costos en tratamientos de salud.
(Instituto Leloir. Por Bruno Geller) - Si se redujeran las emisiones de metano producidas por el hombre a nivel mundial en un 20%, otra sería la historia. Según los resultados de una investigación, publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences en marzo de 2006, se podría prevenir la muerte de 370 mil personas en todo el mundo, entre los años 2010 y 2030.

El trabajo fue realizado por Jason West de la Universidad de Princeton, EE.UU. y otros científicos. De acuerdo a los resultados de la investigación, el dinero ahorrado en el tratamiento de las enfermedades producidas y en la prevención de las muertes excedería los costos asociados a la disminución de las emisiones del gas. El cálculo sugiere que el costo en aplicación de tecnologías para reducir una tonelada de metano sería de 100 dólares, frente a 240 dólares invertidos en salud como consecuencia de los perjuicios ocasionados por esa misma cantidad de gas liberado en la atmósfera.

El metano es un poderoso gas de efecto invernadero por su capacidad de atrapar el calor de la atmósfera. Sus propiedades físicas y químicas lo incluyen en el tercer lugar, detrás del dióxido de carbono y de los CFC, contribuyendo al calentamiento global. Por esta razón, su reducción tendría profundos impactos en la disminución del calentamiento atmosférico, factor que, a su vez, aumenta la proliferación de enfermedades.

En un artículo publicado en el Diario de la Convención Sobre Cambio Climático (COP 10), realizada en Buenos Aires en diciembre del 2004, la Dra. Lilian Corra, presidente de la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente, afirma que “las enfermedades que marca la OMS, prácticamente todas las que afectan a los niños, tienen que ver directamente o se exacerban con el cambio climático.”

Son varias las vías por las que el calentamiento global afecta a la salud humana. Entre ellas, se destacan enfermedades y muertes relacionadas con la temperatura o fenómenos meteorológicos extremos, efectos sobre la salud vinculados con la contaminación atmosférica y con la falta de agua y escasez de alimentos, y también enfermedades transmitidas por insectos, roedores y otros vectores, cuya reproducción depende de varios factores, entre ellos el cambio climático.

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que el calentamiento global aumentará la proliferación de organismos portadores de enfermedades como mosquitos, roedores y murciélagos. En entornos de temperaturas extremas crece el riesgo de las enfermedades respiratorias por la difusión de hongos y otros factores alergénicos. Por otra parte, las grandes inundaciones o la escasez de agua facilitan la aparición de enfermedades relacionadas con el uso y la disponibilidad de agua apta para el consumo humano, como el cólera y la diarrea.

El calentamiento global aumentará enfermedades típicas de las regiones tropicales y subtropicales de América Latina y otras partes del mundo. Las aguas más cálidas permitirán la transmisión de agentes infecciosos diversos, como virus, bacterias o protozoos, que pueden vivir por períodos de tiempo prolongados hasta encontrar un huésped en el cual instalarse. Otras enfermedades son las transmitidas por insectos, como la malaria y el dengue, cuyos vectores son mosquitos, que se verán favorecidos por las posibles nuevas condiciones de humedad y calor.

El papel que cumple el metano en todo este proceso no es poco importante, contribuye en un 15% al calentamiento global. Alrededor del 60 por ciento de las emisiones mundiales de metano proceden de fuentes generadas por la actividad humana: la agricultura y en particular los cultivos de arroz, vertederos, minas, y operaciones con gas y petróleo. China, India, Estados Unidos, Brasil y Rusia son los países más contaminantes.

Respecto al papel del gas y el petróleo, Rubén Bejarán, Doctor en Ciencias Atmosféricas de la Cátedra de Climatología de la UBA, afirma que “el consumo muy elevado de combustibles fósiles que se da en los países industrializados es preocupante. Esta negativa a modificar conductas basadas en el alto consumo de energía en general y de petróleo en particular representa una amenaza no solo para el clima sino para la vida en la tierra.”

Por su parte, los cultivos de arroz son un terreno muy fértil para la proliferación de bacterias que liberan metano al descomponer materia orgánica. “La costumbre de no limpiar adecuadamente los campos tras las cosechas incrementa el problema, ya que una mejora del manejo del agua en las plantaciones permitiría la no proliferación de estas bacterias”, agrega Bejarán.

Bejarán considera que una de las principales razones de la ausencia de políticas para reducir las emisiones de metano por esta vía es económica: “Casi la mitad de la población mundial basa su alimentación en el arroz y, si bien se están estudiando nuevas variedades de este cultivo con el objeto de reducir sensiblemente las emisiones de metano a la atmósfera, países como China e India tienen grandes extensiones de terreno asignados a este cultivo y resulta un desafío la adaptación a esta nueva realidad”.
El resto de las emisiones de metano proviene de fuentes naturales, como terrenos húmedos, residuos orgánicos en descomposición, océanos, ríos, lagos, lagunas y, curiosamente, la digestión de las termitas, devoradoras de madera. Esta última fuente aporta 20 millones de toneladas al año, aproximadamente un 13,33% del total de metano proveniente de fuentes naturales.

“Las principales fuentes naturales son sin duda las zonas pantanosas y las propias emisiones de metano atrapado en el suelo como combustible fósil”, aclara Bejarán.
Los investigadores de la Universidad de Princeton consideran que a partir del desarrollo de tecnologías no sólo se podrían reducir las emisiones del gas, sino que éste se podría aprovechar como fuente de energía. Por falta de combustibles líquidos, en Italia y Alemania el metano se utiliza como carburante para automóviles y se sirve a presión en depósitos especiales, que pueden ser fácilmente intercambiados en las estaciones de servicio.

Para Bejarán “el estudio de los escenarios climáticos futuros es una herramienta muy útil para evaluar las consecuencias del cambio climático. Este estudio relacionado con la salud humana representa un avance en la comprensión de los distintos aspectos que representa esta problemática.”

Existen peligros potenciales que podrían evitarse con políticas de prevención. En la tundra siberiana, la turba, material vegetal en descomposición atrapado en el suelo, contiene grandes cantidades de metano que en caso de derretimiento sería liberado a la atmósfera.

“Este proceso es difícil de evaluar cuantitativamente pero sin duda representa una verdadera amenaza para el clima mundial”, advierte Bejarán.

Pese a que los resultados de un sinnúmero de investigaciones alertan sobre las consecuencias del cambio climático a nivel global, aún no se perciben políticas coordinadas entre todos los países del mundo orientadas a solucionar este problema.
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