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(* José Luis Laquidara)

"LA ETICA Y EL CONSUMO"

El Código Civil argentino, en su artículo 1071 establece que“el ejercicio regular de un derecho propio o el cumplimiento de una obligación legal no puede constituir como
ilícito ningún  acto.”

“La ley no ampara el ejercicio abusivo de los derechos. Se considerará tal al que contraríe los fines que aquélla tuvo en mira al reconocerlos o al que exceda los límites  impuestos por la buena fe, la moral y las buenas costumbres”

Este precepto legal, concebido a fines del siglo XIX, época en la que se sancionó el Código -la Ley 340- y que fuera modificado en el año 1968 por la Ley 17711, debería ser suficiente para contener las distintas situaciones planteadas cotidianamente entre las personas en ejercicio de sus derechos.

No existen dudas que algo ha sucedido en nuestro ámbito, para que fuera necesario legislar desde aquella época y hasta nuestros días de manera profusa y variada a efectos de complementar con normas especiales, este claro principio que define lo que ha sido llamado“abuso del derecho”en materia de contratos y en especial los de consumo de bienes y servicios. Las leyes de Defensa del Consumidor, Lealtad Comercial, Protección de Datos Personales, entre muchas, con claros ejemplos de ello.

Desde esta óptica, aparece interesante analizar cual ha sido la inteligencia que el legislador ha otorgado en el artículo referido del Código Civil a la frase“límites  impuestos por la buena fe, la moral y las buenas costumbres” A modo de repaso y en lo que respecta a estos conceptos, recordemos otro por momentos olvidado: la“ética.

Según un artículo de Omar Fran_a-Tarragó publicado por la Universidad Católica del Uruguay, los griegos utilizaban dos términos distintos para referirse en un caso a lo que nosotros llamamos "ética" y en otro a lo que nosotros llamamos "costumbre".

Por un lado con el término "éthos" (con épsilon o "é" breve) designaban a lo que en castellano nos referimos a las costumbres o los hábitos automáticos; mientras que con el vocablo eéthos (con eta o "_" prolongada) se referían al concepto de "modo de ser", "carácter" o predisposición permanente para hacer lo bueno.

Es de este último vocablo griego "eéthos"(con "_" prolongada) de donde proviene la palabra castellana "ética". Aunque en el origen, el "eéthos" se refería no solo a la "manera de ser" sino al "carácter" -en el sentido psicológico que nosotros le damos ahora a esta palabra-, la evolución posterior del lenguaje la usó para referirse a la manera de actuar, coherente, constante y permanente del hombre para llevar a cabo "lo bueno". Ya tenemos ahí pues, el concepto clásico de lo que siempre se ha entendido por ética.

Cuando los latinos se ven forzados a traducir esa palabra a su lenguaje propio utilizan el vocablo "moralitas", que a su vez se origina de la raíz "mos", o "mores" que significaba simultáneamente: costumbres y maneras permanentes de actuar o comportarse. Al no disponer el latín de dos palabras para referirse a los dos conceptos que el griego podía diferenciar, muy pronto "moralitas" sustituye a éthos y _thos, y por lo tanto, en adelante una palabra sola va a significar tanto el modo de ser o la predisposición propia de cada uno en lo que tiene que ver con lo bueno, como las conductas acostumbradas o "de hecho". Es del vocablo latín "moralitas" que proviene la palabra "moral" del lenguaje castellano.

Del análisis etimológico podemos ver que la palabra latina "moralitas" incluye no solo las acciones humanas en "cuanto vividas de hecho" sino también las acciones humanas en cuanto elegidas como "rectas" de acuerdo con el mundo de valores permanente del individuo. Aqui surge una primera consideración acerca del ejercicio regular de los derechos y a su exceso como causal del“abuso“

Con la finalidad de no perder el eje de la reflexión y una vez definidos la“ética”y la“moral”, cabe asociarlos a las actitudes que diariamente asumimos como operadores del mercado de bienes y servicios, tanto comerciantes o profesionales como destinatarios finales de esa actividad, es decir, consumidores. Tanto la ética como la moral y las buenas costumbres -implícitas en la buena fe contractual- juegan roles protagónicos en este escenario.

Dentro de este complicado juego donde participan necesidades reales (básicas, afectivas, de identidad), deseos auténticos y tantos otros creados expresamente por el marketing, es preciso aprovechar el poder del consumidor para elaborar una ética del consumo, es decir, practicar un consumo conciente, equitativo y responsable.

Los actores son múltiples: consumidores, empresas, gobiernos y sociedad civil. Cada parte tiene su responsabilidad ineludible, tal como lo señala la española Adela Cortina en su libro "Por una ética del Consumo" y donde expresa que“un mundo económicamente globalizado tiene que echar cuentas globalmente sobre quienes no pueden consumir ni lo básico y por qué, quiénes consumen compulsivamente y por qué, y qué relación hay entre el no consumo de unos y el consumo excesivo de otros”

Los consumidores tienen derechos, pero también obligaciones. Es un compromiso ineludible saber distinguir lo justo y lo bueno de lo que no lo es. La especialista valenciana citada -Doctora en Filosofía- señala que lo importante es elegir desde la propia identidad moral y no desde voluntades ajenas: aprender a distinguir entre consumir por consumir, entre comprar para y comprar por comprar, entre ir a comprar e ir de compras.

No hay dudas que estos procesos son lentos y difíciles de concretar, a veces por los condicionamientos planteados por las modas y el mercado, pero necesarios.

Para concluir: este aprendizaje nos hará consumidores más responsables, más éticos y con ello, su costo no será gasto sino una buena inversión para el futuro.-

(*) Coordinador del Sistema Nacional de Arbitraje de Consumo de la Subsecretaría de Defensa de la Competencia y Defensa del Consumidor.-


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