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La epidemia silenciosa

Una dieta rica en calcio, vitamina D y proteínas ayuda a garantizar la salud de los huesos a lo largo de toda la vida, según un informe de International Osteoporosis Foundation. Los especialistas aseguran que, junto con otras medidas propias de un estilo de vida favorable, como hacer ejercicio, no consumir alcohol en exceso y evitar el cigarrillo, es posible combatir la “epidemia silenciosa”, que hoy afecta a millones de personas en todo el mundo.



(25/10/06 - Agencia CyTA-Instituto Leloir. Por Florencia Mangiapane)
Con motivo del Día Mundial de la Osteoporosis, que se conmemoró este 20 de octubre, International Osteoporosis Foundation (IOF) dio a conocer un informe médico sobre la importancia de una buena alimentación para la salud de los huesos, titulado “Bone Appétit. El rol de los alimentos y la nutrición en el desarrollo y mantenimiento de huesos fuertes”.

“Una dieta saludable y nutritiva es uno de los pilares necesarios para garantizar huesos sanos y fuertes en todas las etapas de la vida. En la infancia y la adolescencia contribuye a alcanzar la masa ósea máxima y reducir así la vulnerabilidad a la osteoporosis en el transcurso de la vida”, explica la autora principal del informe, doctora Bess Dawson-Hughes, de la Universidad de Tufts, Estados Unidos.

“Sin embargo, nunca es demasiado tarde”, continúa. “Una dieta sana también es sumamente importante para preservar la fuerza ósea en los adultos jóvenes y los ancianos, aun los que ya tuvieron una fractura, porque acelera la recuperación y ayuda a prevenir nuevas fracturas.”

IOF, una alianza mundial de más de 170 sociedades de pacientes, médicos, investigadores y profesionales de la salud, está llevando adelante una campaña trienal en favor de un estilo de vida favorable para los huesos: el año pasado puso el acento en los beneficios del ejercicio físico, este año se está ocupando de la buena alimentación y en 2007 aportará claves para reducir los riesgos de fractura. De este modo, busca crear mayor conciencia sobre la enfermedad y difundir las medidas necesarias para prevenirla.

Claves para combatir una epidemia silenciosa

La osteoporosis, enfermedad que compromete la densidad y calidad de los huesos, afecta a una de cada tres mujeres y a uno de cada cinco hombres mayores de cincuenta años en todo el mundo. La pérdida de hueso es progresiva y pueden pasar años sin que presente síntomas.

Como muchas veces el primer signo es una fractura, se la llama “epidemia silenciosa”. Crece en importancia al aumentar el tamaño y la expectativa de vida de la población, pero también por los cambios que se registran en los estilos de vida, incluidos hábitos alimentarios menos saludables.

Según un reciente estudio denominado LAVOS (Latin American Vertebral Osteoporosis Study), en Argentina, Brasil, Colombia, México y Puerto Rico, el 15 por ciento del total de la población padece fracturas vertebrales como consecuencia de la osteoporosis, porcentaje que se incrementa con la edad.

El informe de IOF destaca que, al igual que cualquier otro órgano del cuerpo, el esqueleto necesita una provisión permanente de energía y nutrientes, porque el hueso es un tejido vivo en constante renovación. Los huesos están hechos de colágeno, proteína que contiene sales de calcio y fosfato.

“Una dieta sana, balanceada, que contenga tanto macronutrientes (proteína, grasas y carbohidratos), como micronutrientes (vitaminas y minerales), además de calorías suficientes, es vital para el desarrollo normal y el mantenimiento constante del esqueleto”, señala el informe.

Más leche y aire libre

El calcio, mineral que compone el 99 por ciento del esqueleto, le da fuerza a los huesos. En la adolescencia, cuando el esqueleto está en rápido crecimiento, los requerimientos de calcio son altos. Con la edad, la eficacia de la absorción disminuye, por lo que se recomienda a los mayores de 65 ingerir más calcio. Son buenas fuentes de este nutriente los lácteos, algunos vegetales verdes (como el brócoli y la col), las sardinas y las nueces, especialmente las brasileras. También ayudan los alimentos y bebidas fortificados, como panes, cereales y jugo de naranja.

La vitamina D también es esencial para los huesos, porque contribuye a absorber el calcio de los alimentos a través del intestino, y a renovar y mineralizar el tejido óseo. “La vitamina D se produce en la piel ante la exposición a los rayos B ultravioleta. En niños y adultos, la exposición al sol de manos, rostro y brazos entre 10 y 15 minutos por día suele ser suficiente”, explica el informe.

Pocos alimentos aportan esta vitamina: pescados oleosos como el salmón, las sardinas y la caballa, y algunos cereales y lácteos fortificados, que se recomienda consumir durante el invierno, sobre todo en las poblaciones de latitudes extremas y los ancianos que no pasan demasiado tiempo al aire libre.

“El calcio y la vitamina D por sí solos no son suficientes para prevenir la rápida pérdida ósea que se produce en las mujeres cerca de la menopausia, pero son un componente esencial del tratamiento en pacientes con diagnóstico de osteoporosis”, advierte el informe, al tiempo que recuerda que la edad es el factor de riesgo más fuerte para esta enfermedad: cuanto más se vive, mayor es la probabilidad de sufrir una fractura.

Otro elemento clave de la dieta es la ingesta de proteínas. La desnutrición proteica en los ancianos está asociada con tasas más altas de pérdida ósea en cadera y columna, y demostró ser un factor de riesgo para las caídas. En ensayos clínicos con ancianos operados de cadera en Estados Unidos el suplemento proteico se correlacionó con menos muertes, períodos más cortos de internación y mayor probabilidad de retomar una vida independiente.

“La leche es una fuente rica de calcio, proteínas y otros nutrientes, y se ha demostrado que incorporarla a la dieta de niños y adultos mejora la densidad mineral ósea”, destaca el informe. Además, el mismo efecto beneficioso para la masa ósea se observó en ancianos de ambos sexos a partir de un mayor consumo de frutas y vegetales.

Cuidado con las dietas de moda

El trabajo también señala algunas prácticas y factores alimentarios negativos, como el consumo excesivo de alcohol, que impacta directamente sobre las células formadoras de huesos y las hormonas que regulan el metabolismo del calcio.

Según el informe, un peso corporal muy bajo y el apego a las dietas de moda, que eliminan grupos completos de alimentos, también comprometen el desarrollo de la masa ósea máxima en los jóvenes, y la pérdida de hueso y riesgo de fracturas por fragilidad en las personas mayores. Por ejemplo, se descubrió que las adolescentes anoréxicas presentan una tasa de fractura anual siete veces mayor que las mujeres sanas de la misma edad.

Por último, se recomienda limitar el consumo de gaseosas, porque muchas veces desplazan a la leche de la dieta y de esta manera hacen que disminuya la ingesta de calcio.

“No debemos olvidar que además de una dieta nutritiva, otras prácticas complementarias del estilo de vida, como hacer ejercicio de forma periódica y evitar el cigarrillo ayudan a mantener la densidad ósea”, concluye el trabajo de IOF.

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