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Nobel de Economía 2006: pan para mañana

Edmund Phelps dedicó buena parte de su carrera a dilucidar cómo debe hacer una economía para conciliar a largo plazo metas aparentemente excluyentes, como el pleno empleo, la estabilidad de los precios y el crecimiento. El investigador estadounidense, casado con una argentina, fue niño talentoso y vivió en el seno familiar la tragedia del desempleo. Este año, la Real Academia Sueca de las Ciencias valoró la profunda influencia que tuvo su pensamiento en la teoría económica y la política macroeconómica, y decidió honrarlo con el Premio en Economía en Memoria de Alfred Nobel 2006.

(10-/10/06 - Agencia CyTA-Instituto Leloir. Por Florencia Mangiapane) – Edmund S. Phelps nació en Chicago en 1933, cuando arreciaba la peor crisis económica que recuerde Estados Unidos. Como rememora en su autobiografía, en esa época sus padres ?él publicista y ella nutricionista? perdieron el empleo, al igual que uno de cada cuatro trabajadores del país. El tema lo desvelaría durante toda su carrera.

“Se las arreglaron con ayuda de mis abuelos hasta que en 1939 mi padre consiguió trabajo en Nueva York. Nos instalamos en un barrio tranquilo sobre el río Hudson, en Hastings. Allí fui a la escuela pública hasta que me recibí, en 1951”, recuerda.

Edmund siempre fue excelente alumno. La familia enseguida avizoró sus dotes para la investigación: a los cuatro años, identificaba los modelos de automóviles que circulaban por la calle y antes de los diez pasaba la tarde en el centro de la ciudad registrando cómo se distribuían por estado las distintas patentes. De adulto supo que lo habían mandado a un jardín de infantes para niños talentosos.

Cuando ingresó al instituto Amherst, todavía no tenía decidido qué disciplina estudiar. A sugerencia de su padre, en segundo año se volcó a la Economía, justo cuando el mundo académico estrenaba el libro de texto del brillante Paul Samuelson. Luego se fue a estudiar a Yale, donde conoció a los célebres economistas James Tobin y Thomas Schelling, como también a los centroeuropeos William Fellner y Henry Wallich.

La década de 1960 lo vio investigar en la Cowles Foundation. En esos años se difundieron sus trabajos más reconocidos, como el que derivó en la llamada “regla de oro” de la formación de capital. Más adelante trabajaría en Pennsylvania y luego en la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde conoció a la argentina Viviana Montdor -con quien se casó en 1974- y donde se desempeña hasta hoy como docente de Política Económica.

“Edmund Phelps nos ha permitido comprender mejor la relación que existe entre los efectos de la política económica a corto y largo plazo. Su aporte ha tenido una influencia decisiva en la investigación y la política económica”, expresa el comunicado de prensa de la Academia Sueca.

A fines de los años 60, Phelps desafió la manera corriente de pensar la relación entre inflación y desempleo. Postuló que a corto plazo el aumento generalizado de precios no sólo depende del desempleo, como sostenía la famosa “curva de Phillips” (a menor desempleo, mayor inflación), sino también de las expectativas de las empresas y los empleados sobre los próximos incrementos de precios y de salarios, hipótesis que condujo a la “curva de Phillips incrementada por las expectativas”.

Phelps llegó a la conclusión de que a largo plazo no hay solución de compromiso entre la inflación y el desempleo, porque las expectativas inflacionarias se adaptan en última instancia a la inflación real, de manera que los intentos persistentes de llevar el índice de desempleo por debajo del punto de equilibrio sólo terminan aumentando la inflación.

El economista estadounidense hizo hincapié en la importancia de analizar cómo las políticas de hoy condicionan el logro de la estabilidad más adelante: mantener controlado el índice de precios es para Phelps invertir en expectativas de baja inflación, lo que permite vislumbrar combinaciones más favorables de inflación y desempleo de cara al futuro.

“Cuando empecé a escribir sobre este tema no teníamos datos estadísticos de largo plazo que confirmaran las ideas. Sólo pudimos convencer a los economistas en los años 70, cuando en una suerte de experimento real, la Reserva Federal de Estados Unidos, con el objetivo de escapar del desempleo de años anteriores, se embarcó en políticas que desencadenaron tasas bastante altas de inflación, y la estrategia no funcionó. Ese fue un momento decisivo para la teoría. Muchos dejaron atrás el escepticismo y se convirtieron”, dijo Phelps al ser entrevistado vía telefónica por www.nobelprize.org apenas se dio a conocer el galardón.

Antes de proponer su propia visión sobre los mercados de trabajo y de precios, Phelps se preocupó por el problema de la acumulación del capital. Le interesaba saber qué parte de la riqueza de un país podía consumirse en el momento y cuánto debería invertirse para incrementar el stock, apostando a la producción y consumo futuros, tema clave para la distribución de la riqueza a lo largo de varias generaciones.

En 1961, respondió al interrogante con una “regla de oro”: para alcanzar el máximo consumo per cápita sustentable a largo plazo, la tasa de ahorro debe ser lo suficientemente alta como para mantener un stock de capital que retorne un interés equivalente a la tasa de crecimiento de la economía. “Maurice Allais (Nobel de Economía 1988) había planteado condiciones similares, pero fue el análisis de Phelps el que ejerció mayor influencia en las investigaciones subsiguientes”, señaló la Academia Sueca.

Phelps planteó que la regla de oro también era aplicable a otros campos, como la educación, la investigación y el desarrollo. Junto con Richard Nelson, en 1966 destacó que la educación de la fuerza de trabajo facilita la difusión de nuevas tecnologías y el incremento de la productividad y permite a los países más pobres dar el salto necesario para no quedarse atrás de los más ricos.

“Una ciencia económica saludable debe ser no sólo conceptual, sino también empírica. Yo me considero un teórico, pero con toda modestia puedo decir que siempre me preocupé por observar si los datos reales son coherentes con lo que proponen los modelos”, reflexionó Phelps en diálogo con www.nobelprize.org

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